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Comiendo Sopa con tenedor… Razonando

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Razonando

Alejandro Espinal

Por Alejandro Espinal

El destino de la vida puso a dos países pobres a vivir en una misma isla como si fueran siameses de padres diferentes y con distintas costumbres, que se expresan en aspectos como la alimentación, la religión, el idioma, los deportes y hasta en la composición racial. Uno tiende a ser más diverso en términos de ascendencia, con influencias europeas, africanas e indígenas. Mientras que, en el otro, la mayoría de su población es de ascendencia directamente africana.

Uno de los dos países ocupantes de la misma isla La Española, ha logrado un mayor desarrollo económico, social, educativo y político que el otro; sin embargo, el premio por comenzar a desarrollarse ha resultado contraproducente, ya que las poderosas naciones y los organismos internacionales les quieren echar un «muerto», al que trabaja cada día para salir hacia adelante y dejar la miseria y el atraso.

Esa es la clara realidad de República Dominicana frente al vecino Haití, un país que tiene décadas sumido en la más espantosa miseria, poniendo a sus habitantes a vivir de espaldas al desarrollo, exceptuando a unos intelectuales y activistas que solo saben ir a los foros mundiales a atacar a la Nación dominicana, el país que ha sido más solidario con ellos.

Esta parte de la isla gasta casi la mitad de su presupuesto de Salud atendiendo gratuitamente a las parturientas haitianas. Un país que ofrece trabajos en los predios agrícolas, la construcción y otras áreas informales, y que a la vez permite el libre tránsito en su territorio de los nacionales de Haití, Venezuela, Colombia y de otras naciones.

Los presidentes dominicanos Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Leonel Fernández, Danilo Medina y el actual Luis Abinader, o sus cancilleres, se han presentado en el salón de sesiones de las Naciones Unidas y otros escenarios para clamar ayuda para Haití. Los resultados nunca han sido satisfactorios para los mandatarios dominicanos y su pueblo.

El presidente Abinader ha sido muy insistente en forzar una salida a la actual crisis de violencia y de gobernanza que vive el vecino país, por humanidad y además esa situación hace peligrar la seguridad ciudadana dominicana.

La respuesta de las Naciones Unidas ha sido romper la soga por lo más delgado, exigiendo que nuestro país permita campos de refugiados haitianos sin mirar los dos millones de estos nacionales que viven en el país sin documentos.

Por igual, piden que República Dominicana descontinúe la repatriación de indocumentados, queriendo así que el país renuncie al derecho que tiene para decidir quién puede estar en su territorio y qué debe hacer ante la presencia de ilegales. Quieren que la Nación dominicana renuncie a su soberanía.

En simples palabras del pueblo, nos tienen cogiendo lucha y de paso quieren que comamos sopa con tenedor.

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