
Buenos días. ¡Recordar es vivir! Los casi cinco años de Ito Bisono al frente del manejo de los precios de los combustibles, en su condición de ministro de Industria, Comercio y Mipyme, le consagraron como un político más que en campaña cuestiona, acusan y prometen, pero que cuando llegan al poder, faltan a sus promesas y se refugian en el discurso de la justificación. Al principio, sus viejas críticas a los “altos precios de los combustibles” y la famosa formulita que se convirtió en un efectivo recurso de campaña, generaron expectativas colectivas en cuanto a que, una vez asumiera sus funciones, los precios de los hidrocarburos finalmente comenzarían a descender, pero no sucedió así. Ocurrió todo lo contrario porque una cosa eran sus críticas constantes e incisivas a los peledeístas, a quienes calificaba reiteradamente de ladrones que se cogían los recursos que aportaban los combustibles, además de su promesa de bajar los precios, y otra la realidad que le estrujó en la cara la imposibilidad de producir rebajas a través de una modificación a la Ley 112. De modo que lo peor fue que su cacareada formulita no pudo hacerse realidad puesto que el Gobierno no se daría el lujo de renunciar a las cuantiosas partidas que recibe por concepto de los combustibles, estimadas en más de 100 mil millones de pesos por año. De manera que, a pesar de lo prometido por Ito, el consumidor siguió y sigue comprando combustibles caros, una realidad que se mantendrá hasta que desde el Palacio alguna autoridad, no se sabe quién ni cuándo ocurrirá, se decida por buscar ingresos alternos que permitan modificar la layes que interfieren en el precio de los carburantes para que estos finalmente desciendan. Mientras tanto perdurará el sabor amargo de la demagogia como arma política.








