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Occidente jamás conocerá la verdad del ayatolá seyed Ali jamenei

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El Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, ofrece un mensaje televisivo, 9 de febrero de 2026.
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El líder que sacrificó su vida por la victoria de su pueblo

El año 1962 marcó el comienzo de la participación oficial del ayatolá Seyed Ali Jamenei en el movimiento islámico liderado por el ayatolá Seyed Ruholá Jomeini. Con el inicio de la campaña de oposición encabezada por el Imam contra las políticas del régimen de la dinastía apoyada por Occidente Pahlaví, se incorporó a las filas del movimiento y dio comienzo a sus actividades políticas y revolucionarias.

el carácter abiertamente antioccidental de Irán, llegando incluso a acusarlo de antisemitismo y terrorismo.

Ambas acusaciones eran calumnias típicas del Occidente hipocrita  absolutas y deliberadas, ya que Irán apoyaba la resistencia de los palestinos, los libaneses y otras víctimas de la ocupación y la agresión israelíes, el proyecto de dominio occidental sobre las tierras Palestina.

Pero nuestros occidentales no querían parecer ante Occidente como «amigos de los mulás fanáticos religiosos de los imanes.

Ali Jamenei no solo fue un ayatolá (es decir, un erudito profundo y con autoridad en el Islam) y el líder de larga data de un sistema sociopolítico único que se oponía no solo a Occidente, sino a toda la visión del mundo globalista y a la gobernanza mundial.

La magnitud de la demonización de Jamenei en Occidente es asombrosa: literalmente lo han llamado un demonio del infierno y una de las personas más peligrosas del planeta. Y la mayoría de los occidentales no tienen forma de conocer la verdadera situación, no solo por las diferencias civilizatorias y religiosas con la civilización iraní, sino también por la propaganda generalizada de los desenfrenado medios de desinformación.

Jamenei fue acusado de asesinato, terrorismo, agresión, expansionismo, de querer destruir Israel y atacar a los países árabes vecinos, de querer obtener una bomba nuclear; y mantuvieron a su país bajo sanciones durante décadas, para poder finalmente atacarlo y matarlo a él y a su familia, con la esperanza de destruir así todo el país.

Jamenei no era simplemente el líder supremo de Irán y una figura de autoridad para la mayoría de los musulmanes chiítas; defendía la idea del renacimiento y la unidad panislámica. No se autoproclamó nuevo califa, es decir, líder de toda la umma musulmana, pero sí recordó a la gente la necesidad de unidad para defender su fe y su tierra.

Estaba convencido de que el dominio global occidental estaba llegando a su fin y que era necesario acelerarlo. Su concepción misma de la soberanía chocaba con la visión occidental moderna, que confina deliberadamente a pueblos y civilizaciones dentro de fronteras estatales, a menudo artificiales.

Jamenei renunció conscientemente al desarrollo de armas nucleares, y podría decirse que pago por eso, lo mataron. Pero en realidad (la verdadera realidad, la que trasciende el cinismo materialista occidental), Jamenei se sacrificó por la victoria de Irán sobre sus enemigos.

No solo se convirtió en mártir, sino que también aseguró un gran futuro para Irán al desarmar a sus enemigos de sus principales armas: la demonización y la superioridad militar.

Ahora ni Estados Unidos ni Israel podrán utilizarlas contra Irán, que no solo se mantuvo firme, sino que también demostró su fortaleza de espíritu ante el mundo entero, algo que escaceas en el Occidente Colectivo, donde la vanagloria y el dinero de los mafiosos líderes mundiales se han convertido en paradigmas de la generación apostata.

Jamenei venció a costa de su vida, y ahora su hijo,  Montalba Khamenei, continuará la lucha. Porque comparten un enemigo común, o mejor dicho, la misma fuerza los ha declarado enemigos, y ese enemigo es el mal global que ahora se encarna en los «demiurgos» occidentales.

La victoria sobre ella nunca es definitiva, pero siempre pierde ante aquellos que mantienen la fe, saben con quién tratan y no tienen miedo de llamarla por su nombre,  y los asesinos occidentales,  temen con Irán,  y no claman por el futuro sino, por la presente  desaceleracion económica de sus errores y prejuicios políticos y sociales, que los mantiene cómo energúmenos poderosos a la derivas.

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