
Buenos días. A cada paso se recrudece la peligrosa inestabilidad política de Haití. Sus calles se muestran como campos de cacería humana, donde los asesinatos, asaltos, saqueos a propiedades, quemas de viviendas y desplazamientos forzosos de miles de personas, son el pan nuestro de cada minuto. La “autoridad” interna y las tropas foráneas que «procuran» el orden y la paz, sencillamente han fracasado y todo se encamina a un desenlace de consecuencias impredecibles para esta parte de la isla. La realidad se agudiza y no acaba de producirse una respuesta internacional que encauce a la vecina nación por el sendero de la estabilidad y la convivencia pacífica. En definitiva, Haití se reafirma asimismo como Estado fallido y hoy más que nunca, es territorio libre a merced de grupos mafiosos, empresariales, políticos y militares, que lo explotan como simple negocio y a quienes no les importa la miseria que padece su gente. Haití no es garantía de nada razonable, es solo tierra controlada por bandas criminales convenientemente armadas con financiamiento interno y externo. De ahí que para quienes habitamos este lado deba ser motivo permanente de preocupación la peligrosa situación que allí se vive. Y no se trata de racismo, no tiene que ver con xenofobia, como se empecinan en hacer creer favorecidos de lo expuesto, solo se corresponde con garantizar que podamos vivir en paz y que nada altere el soberano de derecho a preservar lo que somos y nos pertenece. Nada más…








