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Periodismo, vergonzosa debacle… Al Amanecer

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-Hoy se cuenta en la televisión y la radio con delincuentes trajeados, con sujetos que son la negación de lo elementalmente digno y ético, que no solo extorsionan para costear sus vicios, sino que se creen con licencia para usar sus lenguas ligeras y sucias en contra de quien se les parezca o simplemente se les pague. ¡Y lo peor es que la sociedad los confunde con periodistas!-

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Cada 5 de abril, República Dominicana celebra el Día Nacional del Periodista. Es una fecha que tradicionalmente evoca la fundación de El Telégrafo Constitucional en 1821, pero que hoy, en lugar de fanfarrias, exige un silencio profundo y reflexivo. La realidad intramuros de la profesión, esa que a simple vista no se ve, revela una crisis de identidad, de ética y sostenibilidad que amenaza con socavar la esencia misma de la democracia dominicana. El periodismo criollo dejó de ser un «oficio de caballeros» o una «pasión de intelectuales» para convertirse en territorio de nadie. Es el precio de la incursión de intrusos —muchas veces facilitada por las  plataformas digitales y los dueños y/o administradores de los medios electrónicos— lo que ha desdibujado la línea entre el informador formado en las ualas y el intruso desbocado, mercader y oportunista. Esa realidad hace posible que personas sin la formación más elemental, sin conciencia de la responsbilidad social que los medios masivos tienen ante la sociedad, en ocasiones con pasados cuestionables, ocupen espacios de considerable audiencia. Esa «democratización de la información« no ha traído más pluralismo como pudiera creerse, sino una preocupante degradación del lenguaje, una falta absoluta de rigor en la verificación de datos y, lo que es peor, la sustitución del análisis por el insulto o la «cháchara» sin fundamento. Hoy se cuenta en la televisión y la radio con delincuentes, con sujetos que son la negación de lo elementalmente digno y ético, que no solo extorsionan para costear sus vicios y estilos de vida, sino que se creen con licencia para usar sus lenguas ligeras y sucias en contra de quien se les parezca o simplemente se les pague. Por mal que suene, no se puede ignorar la presencia de figuras miserables que utilizan la comunicación como un arma de chantaje. Su esquema es simple: atacar por beneficios a una víctima escogida o que se le haya encargado, una práctica que representa un cáncer moral que ha carcomido la credibilidad de la prensa ante la sociedad. Una sociedad que hoy mira con sospecha, incluso, al periodista honesto, asumiendo que «todos tienen un precio». Entonces, ¿es el Colegio Dominicano de Periodistas un gigante sin dientes?Volvemos…

 

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