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Sin alcohol… La magia de las promesas

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Suavecito… LA MAGIA DE LAS PROMESAS ELECTORALES.  Qué tierno recuerdo aquel 2020 cuando Luis Abinader, con voz de salvador, juraba que la Ley 112-00 de Hidrocarburos era un atraco y que modificarla para bajar los combustibles, se hacía urgente. Luego con la ñoña puesta en 2021, anunció que introduciría al Congreso un proyecto de ley para modificar los precios de los derivados del petróleo, pero, ¡vaya giro de guion impuesto por la silla presidencial! El olvido selectivo hizo su entrada triunfal y la reforma pasó a ser un mito urbano. En lugar de alivio, el «Gobierno del Cambio» recetó aumentos VIP y el maravilloso truco de congelar los precios por tres meses, sin una sola explicación lógica. Es como si la gasolina dominicana madurara en barricas de roble. Mientras, queda demostrado que esas promesas eran como el humo de los carros públicos: solo sirvieron para contaminar el aire y nublarnos la vista. TUMBOS DEL INSTRANT… Hay instituciones que no necesitan una gota de alcohol para tambalearse y entre ellas destaca el Instrant. La entidad parece haber convertido el tropiezo en política pública: anuncia soluciones, inaugura planes y termina chocando con los mismos problemas. Las estadísticas no se ríen, los muertos y heridos siguen aumentando, mientras el presupuesto crece con una puntualidad que los resultados jamás conocen. Es una tragicomedia donde el dinero acelera, la burocracia toca bocina y la eficiencia permanece atrapada en un interminable tapón. Dicen que la corrupción huele mal, pero en el tránsito dominicano, además, deja humo, desorden y una inexplicable resistencia a rendir cuentas. Las promesas del gobierno ofrecían cambiar el rumbo, pero el volante sigue secuestrado por la improvisación. Y así, entre discursos, comisiones y fotos oficiales, el tránsito continúa cobrando vidas. Y queda claro que en el Intrant el problema no es perder el norte, es que hace tiempo parece haberse extraviado hasta el mapa… mientras los responsables del caos siguen convencidos de que el accidente siempre es culpa del conductor. (CE).

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