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Una interrogante colectiva y la sensación de silencio

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La República Dominicana, bajo la administración actual, se encuentra en un momento de contrastes que genera una interrogante colectiva, teñida de una inquietante sensación de silencio o una resignación palpable. Por un lado, las cifras oficiales hablan de una gestión que ha manejado una cantidad de recursos sin precedentes en la historia democrática del país. Por el otro, persisten y se denuncian con vehemencia problemas fundamentales que afectan la vida cotidiana de los ciudadanos.

El presidente Luis Abinader es el mandatario que ha manejado la mayor cantidad de recursos en la historia democrática del país, alcanzando más de  US$98 mil millones de dólares en 58 meses de gobierno, que equivalen a más de RD$5 billones de pesos. A pesar de esta monumental administración de fondos, el panorama de problemas sin resolver genera una mala percepción colectiva en ciertos ámbitos, que tiene a la población preguntándose: ¿Dónde está el dinero?

La oposición, conformada por partidos como FP, PRD y PLD, ha lanzado críticas contundentes, señalando males, que afectan seriamente a los dominicanos. Entre estos se mencionan el alto costo de la comida, el incremento de la inseguridad ciudadana y del narcotráfico, los constantes apagones con facturas más caras, el endeudamiento sin control, sin explicaciones ni resultados, y la baja inversión pública. También critican el deterioro de la salud, la educación y una política exterior errática respecto al tema haitiano, que buscan enmendar ahora con la ayuda de la oposición y los sectores fácticos de la nación.

Ejemplos concretos de problemas de servicios incluyen la escasez de agua potable en sectores del Gran Santo Domingo. Residentes de algunos sectores reportan que cuando el servicio de agua de la CAASD llega, es por muy poco tiempo. Los desafíos de movilidad urbana en Santo Domingo persisten, con una creciente congestión, una flota de vehículos obsoletos, un sistema de transporte público limitado y falta de espacios de estacionamiento, además de los tapones que desbordan las ciudades sin soluciones viales por parte del gobierno. Los accidentes de tránsito continúan siendo un problema grave, con una persona fallecida cada tres horas en 2024, y expertos señalan problemas en la aplicación de leyes y la adecuación de infraestructuras viales. La educación, a pesar de la inversión del 4% del PIB, muestra pocos avances en rendimiento del aprendizaje y persiste un déficit de aulas, junto con la carencias de maestros e insumos.

La contradicción entre la magnitud de los recursos manejados y la persistencia de estos problemas genera una interrogante profunda. ¿Cómo es posible que, habiendo dispuesto de más fondos que cualquier otra administración en décadas, problemas tan básicos como el suministro de agua, la calidad de los servicios públicos, o la efectividad en la mejora de la infraestructura vial y educativa, sigan siendo motivo de queja y preocupación generalizada? El endeudamiento no muestra resultados proporcionales, una crítica que resuena en la percepción de que la inversión no se traduce en una mejora tangible y generalizada de la calidad de vida en áreas críticas.

La sensación de que nadie dice, ni hace nada, parece contradecir la realidad de las críticas abiertas y las denuncias en los medios. Sin embargo, quizás el silencio se refiere a la falta de respuestas efectivas y soluciones contundentes que mitiguen estos problemas de manera definitiva, a pesar de la inmensa cantidad de dinero que fluye a través del Estado. La discrepancia entre las cifras macroeconómicas manejadas y la percepción de problemas persistentes y servicios deficientes alimenta esta interrogante. Es un silencio cargado de preguntas sin respuesta satisfactoria, una especie de estupefacción colectiva, al observar como los recursos monumentales coexisten con las carencias cotidianas, y cómo, a pesar del discurso y la crítica, el panorama de los servicios públicos y la calidad de vida en ciertos aspectos parece estancarse o incluso retroceder para algunos. Este es el dilema que pende sobre la evaluación ciudadana, la monumentalidad de la gestión financiera frente a la tozudez de los problemas sin resolver.

 

1 COMENTARIO

  1. Tal como describe el señor Pedro cruz,el país es los momentos actuales un caos total.
    Parece como si el presidente se hubiera ido de viaje en crucero de 5 años,que serán 8, y haya dejado el el país para que se lo reparta un grupo,a fin de que hagan mucho dinero para en el futuro tener todas las posibilidades de permanecer en el poder y/o volver al mismo.
    El caos es total,la deuda gigantesca y los resultados negativos.
    Hemos retrocedido en todo lo que habíamos avanzado como país.
    No ha logrado nada de avance,más que en los bolsillos, de funcionarios y relacionados del prm.
    Es evidente la necesidad e cambio para retomar el camino bueno del que nos han apartado.

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