(Y dos)

Buenos días. En nuestra entrega de ayer analizábamos por qué muy a pesar del sostenido crecimiento económico, la brecha de la desigualdad crece sin parar en República Dominicana. Veíamos dónde radican las razones de ese fenómeno, dejando claro que obedece al hecho de que pequeños grupos de familias y empresarios acaparan los beneficios, además de que concentran y controlan todo lo que se produce y comercia en el país. Ese contexto explica el por qué, a pesar su ritmo de expansión en los últimos 60 años, pasando de tasas de crecimiento extraordinarias a un ritmo más maduro, el producto interno bruto (PIB) se mantiene en terreno positivo. Pero detrás de las aplaudidas cifras macroeconómicas, se esconde una contradicción histórica que el Coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, deja al descubierto: la brecha social es terca y los beneficios del progreso se estancan en una cúspide familiar y empresarial que se queda con todo. Esa desconexión entre el crecimiento del PIB y la equidad social es consecuencia de un modelo de crecimiento «hacia afuera» donde los sectores que han motorizado históricamente la economía dominicana, zonas francas y el turismo, funcionan a menudo como enclaves que generan divisas y grandes utilidades corporativas, pero su capacidad para derramar ingresos de forma masiva hacia el resto de la economía local, es limitada debido a sus débiles encadenamientos productivos con las pequeñas y medianas empresas nacionales. Es simple explicarlo, mientras que la productividad laboral ha aumentado, los salarios reales (ajustados por la inflación) han vivido décadas de estancamiento práctico. El trabajador dominicano produce más valor, pero su remuneración real no crece al mismo ritmo. Y no hay que olvidar el otro factor, más del 50% de la fuerza laboral está sumergida en el empleo informal, de manera que la mitad de los trabajadores carece de mecanismos reales de negociación salarial, redes de seguridad social sólidas o salarios mínimos regulados. El dramático cuadro reafirma lo que formuláramos en nuestra entrega de ayer miércoles: Los beneficios de la cacareada expansión económica se concentran en reducidos sectores de un capital altamente corporativizado, que goza de irritantes regímenes de protección especial que en nada favorecen a las grandes masas de dominicanos.








