
Buenos días. La tragedia del Jet Set ha retroalimentado preocupaciones diversas acerca de los riesgos que corre el país por la vulnerabilidad de muchas de sus edificaciones. Desde hace tiempo, expertos de la sismología, ingenieros estructuralistas, entidades y otros sectores e instituciones, han puesto el grito de alerta y demandado se actúe a tiempo para evitar situaciones catastróficas. Pero en honor a la verdad, las reacciones pasan como las modas y todo se esfuma hasta que ocurra algún hecho que retrotraiga el tema a la opinión pública. Hace un tiempo, el director de la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (ONESVIE), el ingeniero estructuralista Leonardo Reyes Madera, advertía respecto al estado de inminente peligro que registran cientos de centros escolares en todo el país, que, según sus estimaciones, no resistirían un sismo de magnitud considerable. Y fue más puntual, el reputado profesional reveló que su oficina entregó al Ministerio de Educación el resultado de los estudios aplicados a 195 edificios educativos, donde se encontraron debilidades y “problemas serios” que no esperan y que se atribuyen al hecho de que se aplicaron modelos de construcción no apto para zonas sísmicas. Que sepamos, al día de hoy es muy poco lo que se ha hecho por no decir nada. Más reciente, el experto Ervin Vargas reiteraba ante educadores y educandos de la UASD Santiago, que la Ciudad Corazón presenta un grave riesgo de sufrir pérdidas de vidas, destrucción de edificaciones y pérdidas económicas considerables por encontrase expuesta a un sismo de gran magnitud. A decir verdad, lo que advierte el referido profesional, que está avalado por estudios científicos, tenemos décadas escuchándolo de él y otros, sin ninguna consecuencia preventiva. Está demostrado que seguimos prefiriendo se presente lo inevitable para entonces actuar. Hay que exigir como sociedad que Gobierno y Estado definan y asuman, de una vez por toda, una estrategia de prevención que libere a los dominicanos de lo peor. Es impostergable diseñar y aplicar políticas preventivas que proporcionen a la gente el conocimiento de lo que debe hacer ante un nunca deseado terremoto de gran magnitud. ¡Pero eso es ya!








