
Buenos días. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca marcó el inicio de una era de imposición y garrotes, que ha disparado las alarmas y colocado en estado de nerviosismo y agitación al mundo entero. El presidente estadunidense provoca con su peculiar estilo de gobernar una guerra comercial que, si bien le proporciona beneficios a su país, crea una situación difícil para el resto de las naciones grandes, medianas y pequeñas. A garrotazos limpios, Donald Trump se coloca por encima de instancias reguladoras que, para el caso del comercio, tienen autoridad y mandato para controlar la materia, llámese la Organización Mundial del Comercio, ignorada por completo por el mandatario. Es como si se colocara por encima del ordenamiento mundial y actuara en función de que es presidente de todas las naciones que cohabitan en el globo terráqueo, lo que le otorga perivilegios para disponer e imponer sin tomar en cuenta a los demás. Estamos ante un ejercicio abusivo del poder donde se trata por igual, con ligeras excepciones, a vecinos, contrarios y enemigos. Bajo el alegato de una recuperación de la libertad de Estados Unidos, el controversial mandatario repartió este miércoles nuevos aranceles que tocan las economías de todo el mundo, sin que le importe los efectos adversos que su medida provocará en esas economías y su gente menos favorecidas, sobre todo en las pequeñas. Habrá que aguardar con atención, en el caso de República Dominicana, los efectos de un gravamen mortal del 10 por ciento para todo lo que se lleva desde aquí, por igual, las respuestas de las autoridades como medida legítima de defensa y protección. Así no se puede, definitivamente no.








