Buenos días. Que el Estado encare con responsabilidad y de manera sostenida la desbordada migración haitiana a nuestro territorio, no está sujeto a discusión alguna. Lo que sí tiene que evitarse, es caer en excesos en lo referente a las parturientas procedentes de la vecina nación. En situaciones de emergencia tiene que prevalecer el sentido humano, tiene que ofrecerse primero la atención médica necesaria y solo después, aplicar el protocolo puesto en vigor para enfrentar la situación que padecemos. Resultaría en cierto grado cruel y definitivamente inhumano, que se ponga en peligro la vida de una parturienta y su criatura, negándole la urgente asistencia médica porque esté prohibido y, en consecuencia, debe ser deportada. No puede admitirse que prevalezcan decisiones administrativas ante la urgencia de salvar la vida de una paciente haitiana o de donde sea, menos cuando se está en presencia de un peligroso cuadro de convulsiones, hemorragias, infecciones, hipertensión o preeclampsia, como ya lo han advertido algunos galenos. Nadie discute que hemos sufrido la ausencia de una politica de Estado coherente y sostenida para manejar el problema, pero bajo ninguna circunstancia eso puede dar pie a prácticas que se superpongan al derecho a la vida. Tiene que actuarse con sumo cuidado en esa delicada materia.








