
Buenos días. La versión más reciente y sonora de asesinatos cometidos por agentes policiales, ocurrió el miércoles pasado en Santiago de los Caballeros. En el marco de un supuesto intercambio de disparos, gastado y permisivo argumento de siempre, uniformados ejecutaron a cinco supuestos «delincuentes» en el sector Cienfuegos de la Ciudad Corazón. Aunque en lo inmediato la Procuradora General dispuso una investigación al respecto, se desconocen las circunstancias en que se produjeron los hechos, las razones que dieron origen a los mismos, así como la cantidad de agentes policiales actuantes. A pesar de que sale a relucir que solo en los meses transcurridos de 2025, un total de 170 supuestos delincuentes han sido ejecutados y que, en los últimos cinco años, esa práctica abusiva creció en un 195 %, las razones no son suficientes como para que entremos en pánico. No lo son porque en República Dominicana la Policía Nacional cuenta con patente para asesinar a toda persona que ella asuma como delincuente y para hacerlo, cuenta con la justificación ideal, los desacreditados «intercambios de disparos, además dee que tien el amparo oficial». Y lo peor es que todo transcurre en total normalidad, muy a pesar de que en el país no existe la pena de muerte, tampoco las llamadas ejecuciones extrajudiciales, lo que hace suponer que el papel de la uniformada se limita a someter a los sospechosos de delitos, preservar sus vidas y ponerlos a disposición de los tribunales. ¡Pero nunca ocurre de esa manera! Los asesinatos cada vez se hacen más habituales en nuestras calles y no hay a la vista intención oficial alguna para frenar tan abominables prácticas. Parecería que, aunque nada legalmente lo ampara, la policía tiene postetad para matar y que sus crímenes, adquieren la condición de lo inapelable. El cuadro es preocupante y en lo inmediato demanda una intervención oficial objetiva y seria.








