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Reflexiones sobre las elecciones dominicanas de 2024

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El Presidente Abinader se dirige al país la noche de este domingo.
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Por Ramón Morel

Las elecciones del 19 de mayo de 2024 en la República Dominicana han concluido con un resultado que, aunque esperado, no deja de ser un llamado de atención para el espectro político del país. El presidente Luis Abinader, representando al Partido Revolucionario Moderno (PRM), ha revalidado su mandato con un convincente 59% de los votos, una victoria que no solo refleja la confianza del electorado en su gestión, sino también el deseo de continuidad en el rumbo que ha tomado la nación.

Por otro lado, la Fuerza del Pueblo y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) han quedado en posiciones que, aunque anticipadas por encuestadoras como Grimberg, Mark Penn y Gallup, sugieren una necesidad imperante de introspección y renovación. La «verdadera encuesta», como se le denomina en el argot popular a los resultados electorales, ha hablado con claridad: el pueblo dominicano busca líderes que representen sus intereses y aspiraciones, más allá de figuras carismáticas o liderazgos tradicionales.

El dato quizás más revelador de estas elecciones es que, al parecer, la abstención rondará el 40%. Este número no solo habla de un desencanto o posible desconexión entre los ciudadanos y sus representantes, sino que también plantea interrogantes sobre la eficacia de los mecanismos de participación democrática en el país. ¿Qué mensajes subyacen en el silencio de ese 40% que optó por no ejercer su derecho al voto? ¿Es acaso un síntoma de apatía o un acto de protesta silenciosa?

La democracia dominicana se encuentra en un punto de inflexión. El oficialismo, fortalecido por este nuevo mandato, tiene la responsabilidad de no solo continuar con las políticas que le han granjeado el favor popular, sino también de abrir canales de diálogo y participación que involucren a todos los sectores de la sociedad. La oposición, por su parte, enfrenta el desafío de reinventarse, de construir una propuesta política que resuene con las necesidades y esperanzas de la población.

Ya no es tiempo de «caciques» o «jefes», de cúpulas que deciden y dictan el camino a seguir sin considerar la voz de sus bases. La institucionalidad y la participación deben ser los pilares sobre los cuales se construya el futuro político de la República Dominicana. Los partidos deben transformarse en espacios de debate, propuesta y acción, donde cada miembro tenga la oportunidad de contribuir al desarrollo de una visión compartida para el país.

Las elecciones del 2024 no solo han definido el liderazgo para los próximos años, sino que también han enviado un mensaje claro: el pueblo dominicano anhela una política más inclusiva, representativa y responsable. Es imperativo que tanto el gobierno como la oposición escuchen y actúen en consecuencia, pues solo así se podrá fortalecer la democracia y asegurar un futuro próspero para todos los dominicanos.

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