
Por décadas, la respuesta a esta pregunta parecía obvia. Europa, devastada tras la Segunda Guerra Mundial, necesitaba el «paraguas nuclear» de Washington para contener el dominio de la Unión Soviética. Sin embargo, en el tablero geopolítico de 2026, con una Rusia jugando otra vez en el tablero y un Estados Unidos mirando cada vez más hacia el Pacífico, la balanza de la dependencia se ha vuelto un acertijo de difícil solución.
Para los aliados europeos, la OTAN no es una opción, es una necesidad vital. A pesar de los esfuerzos recientes por alcanzar una «autonomía estratégica», la realidad es que Europa carece de la infraestructura logística, la inteligencia satelital y la capacidad de transporte pesado que solo el Pentágono puede proveer. Sin el apoyo estadounidense, la defensa del flanco oriental frente a los movimientos de Moscú sería, hoy por hoy, un brindis al sol. Para Bruselas, la OTAN es el garante de que el orden europeo no se desmorone.
Desde la perspectiva de Washington, especialmente bajo las corrientes aislacionistas que permean su política interna, la OTAN a veces se percibe como una carga. No obstante, esta visión ignora una verdad fundamental; la OTAN es el mayor multiplicador de fuerza que ha tenido Estados Unidos en su historia.
Gracias a la Alianza, EE. UU. proyecta poder global de manera económica y militar. Tener bases en Alemania, Italia o Turquía no es un favor a los europeos; es la infraestructura que le permite a Washington intervenir en Medio Oriente, África y Asia Central con rapidez. Sin la OTAN, Estados Unidos dejaría de ser una potencia global para convertirse en una potencia regional, aislada por dos océanos y perdiendo su capacidad de dictar las reglas del comercio y la seguridad desde su óptica.
La tensión actual radica en que ambas partes tienen razón. Estados Unidos tiene derecho a exigir que Europa deje de ser un «polizón» en temas de gasto militar. Pero Europa también tiene razón al temer que un EE. UU. errático deje un vacío de poder que sumerja al continente en el caos.
Si analizamos fríamente, Europa necesita a la OTAN para su supervivencia física, pero Estados Unidos necesita a la OTAN para mantener su estatus de hegemonía mundial.
¿Quién necesita a quién? Si la OTAN desaparece, Europa pierde su seguridad, pero Estados Unidos pierde su relevancia global. Quizás la respuesta es que se necesitan de formas distintas, la OTAN necesita los músculos de Estados Unidos, pero Estados Unidos necesita la plataforma que le brinda la OTAN para no quedar solo en un mundo que ya no le teme como antes. En este matrimonio de conveniencia, el divorcio no es una opción de libertad, sino una receta para evitar la irrelevancia mutua.








