Por Carlos Rivas
Danilo Medina irrespeta a la población dominicana al decir que no tiene de que arrepentirse durante sus gobiernos.
Acaso no sabía que su hermano hacía negocios con decenas de instituciones del Estado y que eso es ilegal.
Acaso no sabía que los jefes de su seguridad hacían diabluras para hacerse súper millonarios.
Acaso no sabía que su intento de modificar la Constitución con la intención de reelegirse era ilegal.
Acaso el hecho de imponer por la fuerza, a través del fraude, al peor candidato de su partido (aunque sigue diciendo que Gonzalo es el mejor activo de su partido), provocó la división del PLD y su salida del poder tratando de pisotear al real líder que era el Dr. Leonel Fernández, demostrado con casi el 30% de los votos y el con el 10%. en últimas elecciones.
Danilo Medina trata de pintarse como un angelito, justificando con ello que ninguno de sus funcionarios hizo nada pecaminoso durante sus 8 años de gobierno.
Para colmo, tiene el atrevimiento y comete la falacia de afirmar que Leonel compró al PTD, a sabiendas de que los hombres y mujeres que constituían ese partido, no tenían precio y que su único precio es su amor a la patria, al decoro, a la libertad y al progreso de la mayoría.
Esa perversidad lo retrata como lo que siempre ha sido, además de perverso, irrespetuoso y políticamente rencoroso. Todo ello refleja no al genio de la estrategia como lo han querido vender, sino al incapaz, al que vive lleno de odio en contra de sus propios compañeros que los adversan y trata siempre de aplastar a los que se oponen a sus perversos designios, aún a sus más cercanos compañeros y en su propio partido.








