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Buenos días. En los anales de nuestra historia no hay registrada una sola agresión armada que los dominicanos hayan cometido contra los haitianos. En ninguna circunstancia, en ningún momento, antes y después de la independencia de 1844, se asienta una sola incursión armada y/o pacífica de tropas dominicanas a territorio haitiano. Contario a esa verdad, única e irrefutable, los haitianos han mancillado nuestro terruño patrio a través de varias incursiones armadas, aunque en cada una de ellas fueron gloriosamente derrotados por la valentía de nuestras armas y la determinación de nuestro pueblo. Solo basta recordar los episodios militares más sonoros, como las batallas de Azua, Santiago, Sabana Larga y Jácuba, todos librados en suelo nacional y cada uno como respuestas a invasiones del ejército haitiano. Más sin embrago, la falsa historia que se vende al mundo, que se enseña en las aulas haitianas, que se repite a cada instante, que resuena en eventos y escenarios internacionales, que descaradamente se nos arrostra a cada minuto bajo el tutelaje irresponsable de entelequias externas financiadas con esos fines, allá y vergonzosamente aquí, es que supuestamente los dominicanos odian, maltratan, esclavizan y denigran a sus vecinos. Pero lo cierto es que mientras los padres haitianos, las escuelas haitianas, inculcan temprano primordialmente en sus niños el sentimiento de rechazo y desprecio visceral hacia los dominicanos, mientras se les enseña a odiar nuestros símbolos patrios, a rechazar el culto a la bandera en las escuelas donde estudian en nuestro territorio, el dominicano comparte pacíficamente con ellos su habitad, su bocado, sus hospitales,sus puestos de trabajo, su transporte público, sus aulas públicas, sus universidades y su cotidianidad. Lo hace sin saber si quiera quién es legal o ilegal. El innegable contexto conduce a interrogantes varias, pero tal vez la más importante es saber ¿quién odia y maltrata a quién?








