
Por Alejandro Espinal
1.- “El Pipo e’ Gela” es una expresión popular dominicana. Su origen, según algunas versiones, se atribuye a la capital dominicana. Sin embargo, la versión más socorrida dice que surgió en el sector Nibaje, de la ciudad de Santiago.
Cuentan que en ese sector de la Ciudad Corazón vivían dos hermanos con ciertas deficiencias mentales. La hembra se llamaba Gela y el varón Busuco, quien se convirtió en un personaje pintoresco del lugar.
Busuco respondía a cualquier relajo de los moradores del sector con la típica expresión: “El Pipo e’ Gela”.
La expresión, como tal, no es un refrán. Es una forma coloquial de la calle que se presta para varios significados: admiración, chanza, negación, sorpresa o cualquier bufeo.
Hoy esa forma popular se usa en todo el territorio nacional y en cualquier grupo social.
Si alguien de poca credibilidad te dice que es pana full del presidente de la República, fácilmente recibe como respuesta: “El Pipo e’ Gela”.
Debemos señalar que el vocablo “el pipo” siempre ha existido, simple y sencillo, para lo bueno o para lo malo. Pero cuando se acompaña con “El Pipo e’ Gela”, como que coge otro sabor y otro color.
2.- La Revolución de Abril de 1965 cumplió ayer 61 años.
Se buscaba reponer en el poder al presidente constitucional, profesor Juan Bosch, derrocado por un golpe de Estado que tronchó la democracia y abrió las puertas a la intervención norteamericana.
El maestro Rafael Solano y el publicista René del Risco Bermúdez produjeron la maravillosa canción “Una primavera para el mundo”, donde se nota la esperanza que se tenía en la libertad y en el progreso que se esperaba.
El cantautor Aníbal de Peña escribió el Himno de la Revolución, el cual exhortaba a los soldados a luchar.
Loor a los valientes hombres y mujeres que defendieron la dignidad del país.
3.- Cuentecito.
A propósito de los momentos jocosos que se presentaron en medio de la contienda bélica.
Un hombre, notablemente pasado de tragos, vociferaba en una esquina:
“¡Que viva la menstruación!”
Lo repetía una y otra vez, hasta que alguien le dijo:
“No es así que se dice. Es: ¡Que viva la revolución!”
A lo que el borracho contestó:
“No importa. Yo lo que quiero es ver sangre”.






