
En el complejo ajedrez de la economía global, pocos actos de estadismo han sido tan malinterpretados como la gestión del contrato de la Barrick Gold bajo la presidencia de Leonel Fernández. Lo que la demagogia política bautizó como el «contrato del 97/3» es, en realidad, la historia de un hombre que rescató un patrimonio condenado al olvido por la inacción de sus predecesores.
El Punto de Partida: Un Contrato Inerte
La verdad histórica comienza en marzo de 2002. El gobierno de Hipólito Mejía firmó el Contrato Especial de Arrendamiento de Derechos Mineros (CEAM) con Placer Dome. Sin embargo, ese acuerdo nació muerto: la mina de Pueblo Viejo estaba cerrada desde 1999, sumida en deudas ambientales y sin un plan real de reactivación.
Leonel Fernández no heredó una mina produciendo; heredó un esquema legal inerte y un pasivo ambiental masivo que ninguna empresa quería asumir sin garantías extremas. Su reto no fue «vender» la mina, sino hacerla existir de nuevo.
La Enmienda de 2009: El Rescate del Flujo de Caja
Con la visión de desarrollo que lo caracteriza, Fernández entendió que para atraer la inversión extranjera más grande en la historia del país (más de 4,000 millones de dólares), se requería seguridad jurídica. En 2009, impulsó la Segunda Enmienda al contrato original de 2002.
Este no fue un acto de entrega, sino de rescate técnico. Por primera vez, se introdujo la Regalía de Retorno Neto (NSR) del 3.2%. Este detalle es crucial: gracias a Leonel, el Estado dominicano comenzó a recibir dinero en efectivo desde la exportación de la primera onza de oro, sin tener que esperar décadas a que la empresa recuperara su gigantesca inversión inicial. Leonel sacó al país del «cero absoluto» del esquema anterior para llevarlo a un flujo de caja garantizado.
La Narrativa del «97/3» vs. la Realidad del Mercado
El mito del 97/3 surgió de una fotografía estática de los flujos de caja iniciales en un momento de bonanza en los precios del oro. Lo que la crítica omitió deliberadamente fue que ese esquema era escalonado: a medida que la empresa recuperaba su inversión, la participación del Estado aumentaba drásticamente a través del Participación de las Utilidades Netas (PUN) y el Impuesto sobre la Renta.
2013: Cosechar lo que Leonel Sembró
La historia ha sido contada al revés por el oportunismo. El gobierno de Danilo Medina, aprovechando que los precios internacionales del oro superaban los US$1,600 —niveles que no existían en 2009—, realizó la renegociación de 2013.
Si bien Medina introdujo el Impuesto Mínimo Anual (IMA) para adelantar aún más los ingresos, esta «victoria» solo fue posible porque Leonel ya había hecho el trabajo pesado:
- Reactivar la mina tras años de abandono.
- Garantizar la inversión de capital extranjero en un clima de incertidumbre global.
- Establecer el principio de regalía obligatoria (el 3.2%) que no existía en el contrato del PRD.
Danilo no creó la riqueza; simplemente renegoció los términos de una bonanza que Leonel Fernández hizo posible con su visión de largo plazo.
El Juicio del Tiempo
El carácter de Leonel Fernández, siempre elevado y ajeno a la confrontación barata, le impidió disputar un mérito que él consideraba un beneficio nacional. Esa humildad permitió que la mentira se convirtiera en arma política. Pero la realidad técnica es terca: Leonel fue el arquitecto de la seguridad jurídica que permitió que hoy el oro dominicano sea el principal soporte de nuestras exportaciones.
Lo que hoy algunos llaman error por conveniencia política, la historia lo reconocerá como el sacrificio de un estadista que prefirió construir el futuro antes que explotar el resentimiento del presente.








