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La vieja violencia de los motoconchos… Razonando

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La vieja violencia de los motoconchos.
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Razonando

Un testimonio

Alejandro Espinal

Por Alejandro Espinal F.

A finales del año 1980 o a principios de 1981, publiqué en el diario El Día de Santiago, fundado y dirigido por el veterano periodista Huchi Lora, lo que quizás fue la primera noticia acerca del motoconcho en el país. Era, para aquel tiempo, un transporte individual, rápido y barato.

Mi amistad con Huchi Lora me permitió escribir con frecuencia, aun sin ser empleado del periódico. Recuerdo que le comenté sobre ese “novedoso” medio de transporte público que ya operaba en mi pueblo de Tamboril.

Él se sorprendió y de inmediato buscó un rollo de película para que yo tomara fotos. Cuando le llevé el mosaico de imágenes para que escogiera, como director, las que considerara mejores para la publicación, ya era viernes. Le dije que volvería el lunes para escribir la crónica, pero me respondió: “No, hazme eso hoy, no seas haragán”. Ni modo, acepté.

Al día siguiente apareció en la tercera página el titular: “Motores conchan en campos de Tamboril”. La Policía dejó saber que no tenía conocimiento de esa actividad laboral y salió a recoger motoconchistas por todas partes, incluyendo algunas zonas rurales de Santiago.

Para ese entonces, yo mantenía un noviazgo con la que ha sido mi esposa de toda la vida, en Don Pedro, por la carretera Peña, que une Tamboril con Licey al Medio.

Los motoristas afectados por la decisión de la Policía estaban encendidos en mi contra. Un amigo me aconsejó que no me sentara en la galería de la casa con mi novia, porque estaban preparando un ataque para darme una “golpiá” por la acción policial que siguió a la publicación.

Traigo este relato no para hacerme notar, sino por la muerte, la pasada semana, del chofer del camión de basura Deivy Carlos Abreu Quezada, en Santiago, a manos de una pandilla de motoconchistas.

Todo parece indicar que la violencia que exhiben algunos motoconchistas ha estado presente en su modo de operar desde sus inicios.

La muerte que le dieron a este joven, padre de cuatro hijos, nos ha desnudado por completo. Es como si a esta sociedad solidaria y amorosa la hubieran volteado al revés, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro.

Los gritos de Deivy pidiendo que no lo dejaran morir cayeron en oídos sordos.

Pasarán meses, y el eco de su voz, implorando ayuda, será recordado como el día en que le fallamos a la sociedad y a la humanidad. Más aún, al pensar que se encontraba a escasos metros del hospital Presidente Estrella Ureña.

Ese no es el comportamiento del dominicano, y mucho menos el de un santiaguero o un cibaeño.

Ya Deivy Carlos Abreu Quezada no estará entre nosotros, pero la justicia debe ser implacable con sus verdugos para que un hecho así no vuelva a repetirse.

Finalmente, los partidos políticos ya deberían dejar de utilizar a los motoconchistas en sus caravanas. No cabe duda de que ellos constituyen la avanzada de cualquier movimiento vehicular en actividades partidarias. Por eso se sienten protegidos bajo cualquier gobierno.

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