
La reciente cumbre de la OTAN en La Haya ha marcado un punto de inflexión con la aprobación de un nuevo y ambicioso objetivo de gasto en defensa del 5% del PIB de los países miembros para 2035. Esta decisión, impulsada en gran medida por exigencia del presidente estadounidense Donald Trump, plantea serias interrogantes sobre su necesidad estratégica y sus profundas implicaciones para los países, especialmente los europeos.
El nuevo objetivo del 5% del PIB se desglosa en dos componentes, un 3,5% destinado a lo que se denomina gasto militar puro, que incluye tropas y armamento y un 1,5% adicional para inversiones relacionadas con la seguridad en un sentido supuestamente amplio, como la ciberseguridad, la protección de infraestructuras críticas, como oleoductos, carreteras y puentes adaptados para vehículos militares pesados. Este salto, triplica el objetivo anterior del 2% del PIB acordado en la cumbre de Gales en el 2014. Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha calificado este incremento como histórico y fundamental para asegurar el futuro del órgano, argumentando su vitalidad con la manida retórica de la amenaza rusa y la situación internacional de seguridad.
Sin embargo, la implementación de esta meta se presenta como una gran tarea, dado que solo 22 de los 32 estados miembros cumplieron el objetivo del 2.0% en 2024. La disparidad en el gasto militar entre los aliados es notoria, y la cercanía o lejanía respecto a Rusia influye significativamente en la percepción de la necesidad de este aumento.
España, en particular, se ha posicionado como el país más rezagado en esta materia, pues solo aportó el 1,28% de su PIB en 2024, según datos de la OTAN. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha manifestado su oposición frontal al objetivo del 5%, argumentando que su país solo alcanzará el 2,1% en gasto defensivo, lo cual considera suficiente para cumplir con las capacidades requeridas, poco razonable y contraproducente para el papel de la OTAN. Sánchez ha advertido que tal incremento implicaría aumentar impuestos a la clase media y recortar servicios públicos, lo que pondría en riesgo el modelo social de su país.
La postura de Pedro Sanchez ha generado críticas directas de Donald Trump, quien tildó a España de problemática y muy injusta por su falta de gasto en defensa. Esta presión estadounidense se enmarca en un deseo más amplio de que Europa asuma una mayor parte de la carga financiera en defensa, reduciendo la dependencia de Estados Unidos. Trump le sacó en cara que USA cubrió el 62% del gasto total de la Alianza en 2024.
La historia de la OTAN, fundada en 1949 con un carácter supuestamente defensivo para contener a la Unión Soviética, ha evolucionado. Tras la caída del Muro de Berlín, se redefinió como un gendarme global, interviniendo en conflictos fuera de su área original de operaciones, como Yugoslavia, Afganistán y Libia.
La insistencia de Trump en el 5% y su ambigüedad sobre la definición del Artículo 5 del tratado fundacional, que establece la defensa mutua, ha generado una vergüenza ajena y vasallaje en la cúpula europea. La retórica sugiere que la organización busca sacar dinero de Europa para la industria armamentística estadounidense. La OTAN, al etiquetar a Rusia como una amenaza a largo plazo y a China como un desafío sistémico, justifica un aumento de la militarización, que según sus críticos, no solo desvía fondos de prioridades sociales, sino que también busca mantener la hegemonía militar extra soberana en el sistema internacional.
La decisión de la OTAN de elevar el gasto en defensa al 5% del PIB es un paso con profundas repercusiones económicas y sociales para los países miembros. Mientras algunos lo ven como una necesidad ante las amenazas geopolíticas, otros lo critican como una imposición que beneficia a la industria militar, compromete la soberanía y desatiende las necesidades sociales de sus pueblos. El futuro de la Alianza Atlántica dependerá de cómo se gestionen estas tensiones internas y como se logra un equilibrio entre sus objetivos militares y las realidades socioeconómicas de sus países miembros.








