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Ilusión de la estabilidad: El costo oculto de los subsidios

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Ramón Morel
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Por Ramón Morel

Mientras el barril de crudo se dispara en los mercados internacionales impulsado por la inestabilidad en Medio Oriente, la economía dominicana parece habitar en una burbuja de cristal sostenida por hilos invisibles. El gobierno se apresura a presentar una inflación del 4.98% como un triunfo de gestión, pero tras el maquillaje de las cifras oficiales se esconde una realidad alarmante: un modelo de subsidios generalizados que, lejos de ser una solución estructural, funciona como un costoso torniquete para una hemorragia fiscal. Mantener el precio de los combustibles congelado no es un acto de magia económica, sino una apuesta de alto riesgo que sacrifica la inversión en sectores vitales y compromete la sostenibilidad del presupuesto nacional, dejando al país a merced de una crisis externa que nuestra propia falta de previsión ha convertido en una amenaza existencial.

El Presupuesto como Escudo de Papel

La narrativa oficialista celebra la contención de los precios, pero evita explicar a qué costo. Cada semana que el Ministerio de Industria, Comercio y MiPymes anuncia el «congelamiento» de los hidrocarburos, se drenan cientos de millones de pesos que originalmente estaban destinados a fortalecer la red hospitalaria o a tecnificar el campo dominicano. Estamos ante una política de «pan para hoy y hambre para mañana», donde se prefiere el aplauso inmediato del consumidor antes que la honestidad de una reforma fiscal y energética que reduzca nuestra dependencia del petróleo.

El Espejismo del 4.98%

Aunque el indicador general de inflación se mantenga dentro del rango meta, la realidad en los colmados y mercados cuenta una historia distinta. La inflación subyacente en los productos de la canasta básica sigue castigando el bolsillo de los más vulnerables. La oposición sostiene con razón que el subsidio a la gasolina premium beneficia proporcionalmente más a quien posee un vehículo de lujo que al agricultor que ve subir sus costos de fertilizantes y transporte de carga, los cuales no siempre reciben el mismo alivio estatal.

¿Hacia un Ajuste Inevitable?

La gran interrogante que el Palacio Nacional elude es la sostenibilidad. Con un panorama geopolítico volátil y un servicio de la deuda externa que consume una tajada cada vez mayor de nuestros ingresos, el margen de maniobra se agota. La actual administración parece estar estirando la liga hasta el límite, posiblemente con la mirada puesta en evitar un desgaste político prematuro. Sin embargo, la historia económica enseña que los precios reprimidos artificialmente suelen explotar con una fuerza proporcional al tiempo que fueron contenidos, y el pueblo dominicano merece saber quién pagará la factura cuando la burbuja finalmente estalle.