Los científicos dieron seguimiento a 62 adultos sanos, 31 bebedores habituales de café y 31 que no lo consumían. Al inicio, todos entregaron muestras de sangre, orina y heces, además de completar cuestionarios sobre su estado de ánimo, comportamiento y pruebas cognitivas.
A los bebedores habituales se les pidió dejar el café por completo durante dos semanas. Tras esta pausa, sus indicadores de impulsividad y reactividad emocional bajaron notablemente.
Luego fueron divididos en dos grupos que consumieron café durante 21 días más. Quienes eligieron el café descafeinado experimentaron mejoras en la calidad del sueño, la actividad física y la memoria.
De igual manera, los investigadores descubrieron que los consumidores habituales de café tenían una microbiota intestinal muy diferente a la de quienes no lo consumen. Tras las dos semanas de abstinencia, algunos patrones bacterianos empezaron a normalizarse y a parecerse a los de las personas que nunca beben café. Esto sugiere que el café influye en el organismo a través de compuestos naturales de las plantas, más allá de la cafeína.








