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El debate desigual: Abinader vs. Fernández

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En el reciente debate iniciado entre el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, y el líder de la oposición y presidente del partido Fuerza del Pueblo, Leonel Fernández, se ha puesto de manifiesto una contienda marcadamente desigual en cuanto a las obras construidas y la gestión presupuestaria. Con datos actuales a 13 de marzo de 2025, este análisis revela que Abinader eligió el peor terreno posible para enfrentarse a Fernández, un adversario cuyo legado de infraestructura y reformas institucionales opaca los escasos resultados del gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Mientras Fernández exhibe logros tangibles y una visión ejecutiva probada, Abinader lucha por justificar casi cinco años de gestión con presupuestos récord pero pocas obras que mostrar. Los hechos son contundentes: en este debate, Abinader queda en desventaja.

Durante sus mandatos (1996-2000 y 2004-2012), Leonel Fernández transformó la infraestructura dominicana con proyectos emblemáticos que aún resuenan en la memoria colectiva. El ¨Metro de Santo Domingo¨, la ¨Autopista del Coral¨, las ampliaciones de las avenidas 27 de febrero y Jhonn F. Kennedy, la modernización del ¨puerto de Caucedo¨, además de los múltiples túneles y elevados, son ejemplos de iniciativas que no solo mejoraron la conectividad y la logística, sino que también generaron empleo y dinamizaron la economía. El Metro, en particular, sigue siendo un símbolo de modernidad y un servicio esencial para millones de dominicanos. Estas obras reflejan una capacidad de ejecución y una visión de desarrollo que dejaron huella.

En contraste, el gobierno de Abinader, iniciado en 2020, ha promovido proyectos como la ampliación del Aeropuerto Internacional de Punta Cana y la Autopista del Ámbar. Sin embargo, estos esfuerzos han estado plagados de retrasos, sobrecostos y críticas por su falta de avances significativos. La Autopista del Ámbar, anunciada como una obra clave de su gestión, sigue iniciarse, a pesar de las promesas reiteradas, generando frustración entre la ciudadanía. Frente al legado de Fernández, los resultados de Abinader son pálidos y evidencian una falta de capacidad para convertir anuncios en realidades tangibles.

La comparación de los presupuestos manejados por ambos líderes refuerza aún más la disparidad. Durante los gobiernos de Fernández, el presupuesto nacional creció de aproximadamente 200 mil millones de pesos en 2004 a más de 600 mil millones en 2012, un aumento que financió las grandes obras que hoy son parte del patrimonio dominicano. Fernández demostró una habilidad para maximizar cada peso, traduciendo recursos en proyectos que beneficiaron al país de manera duradera.

Por su parte, el PRM ha manejado presupuestos mucho mayores, superando el billón de pesos anuales en los últimos años. En casi cinco años de gestión, esto equivale a un acumulado que triplica los recursos de los gobiernos de Fernández. Sin embargo, los resultados no guardan proporción con esta bonanza presupuestaria. ¿Dónde están las obras que justifiquen semejante cantidad de dinero? La respuesta es clara: la administración de Abinader ha dilapidado recursos en una gestión ineficiente, dejando un saldo de promesas incumplidas y proyectos estancados. Mientras Fernández construyó más con menos, Abinader ha hecho menos con mucho más.

En materia de institucionalidad, la brecha entre ambos líderes es igualmente abismal. Fernández impulsó reformas que fortalecieron las bases del Estado dominicano. La creación de la ¨Cuenta Única del Tesoro¨ centralizó la gestión financiera, mientras que el ¨Sistema de Administración Financiera del Estado (SIAFE)¨ mejoró la transparencia y eficiencia en el uso de los recursos públicos. Estas medidas no solo optimizaron la administración, sino que también elevaron los estándares de rendición de cuentas, dejando un legado institucional sólido.

En cambio, el gobierno del PRM ha sido señalado por retrocesos preocupantes. La politización de la justicia, la falta de independencia en organismos de control y el aumento de la burocracia reflejan un deterioro institucional. Según datos recientes destacados por Fernández, la nómina pública creció en122,000 millones de pesos y la deuda externa se disparó en 25,000 millones de dólares, sin que estos fondos se traduzcan en obras o mejoras significativas para la población. Este manejo cuestionable, junto a denuncias de corrupción y nepotismo, contrasta con los avances logrados bajo la administración de Fernández, exponiendo un fracaso del PRM en mantener la solidez institucional.

Al decidir debatir sobre obras construidas y gestión presupuestaria, Luis Abinader se colocó en un terreno donde su gobierno no tiene cómo competir. Fernández puede señalar un amplio catálogo de proyectos concretados y reformas que transformaron el país, mientras Abinader solo ofrece excusas, retrasos y una montaña de dinero malgastado. La percepción pública refuerza esta desventaja: los dominicanos recuerdan las obras de Leonel Fernández con orgullo y miran con escepticismo los anuncios vacíos del PRM. En este enfrentamiento, los números y los hechos están del lado de líder opositor, dejando al presidente actual, en una posición indefendible.

El debate entre Luis Abinader y Leonel Fernández ha expuesto una verdad ineludible: el actual presidente no tiene los resultados para medirse con el legado de su oponente. Con menos recursos, Fernández construyó más y fortaleció las instituciones; con más dinero, Abinader ha entregado menos y debilitado lo que había. Al elegir este terreno para la contienda, el presidente no solo ha resaltado sus propias carencias, sino que ha dado a Fernández la oportunidad de brillar con un historial que habla por sí solo. En esta batalla de obras y gestión, Abinader no solo pierde: queda sepultado por la evidencia de su propia ineficacia.