Por Leonardo Cabrera Díaz
El mundo se divide entre los buenos y los malos, los tibios y los sabios.
Por un lado, los «buenos»: los que están en el poder, pero que antes fueron oposición; o aquellos que todos creen que son buenos porque aún no se han percatado de que, en realidad, son malos.
Del otro lado, los «malos»: esos que antes estuvieron en el poder, al que llegaron porque todos creían que eran los buenos. Sin embargo, aunque tarde, la gente ya sabe que no lo son.
En medio y debajo están los que siempre se han creído el cuento de las «manos limpias» o el de «una vez más, por necesidad».
Son los que confían en que «soplarán los vientos», en «continuar lo que está bien y corregir lo que está mal», o se aferran al «manos a la obra…»








