Suavecito. Cualquiera daría hasta la vida misma por obtener una pastillita que transporte a uno al nivel de emoción y habilidad persuasiva, que exhiben los presidentes en sus discursos, no comparecencias, ante la Asamblea Nacional por el Día de la Independencia Nacional. Lo que debe ser una solemne ceremonia de rendición de cuentas, ajustada a datos e informaciones objetivas, medibles y comprobables, además de observar el protocolo de rigor, por lo general termina en un ejercicio con mayor aproximación a una arenga típica de campaña electoral. Lo que se observó ayer en el Congreso Nacional fue una intervención que puso mayor énfasis en el marcado interés de mercadear resultados que la autoridad sostiene alcanzó en el período, pero que no necesariamente conectan con lo que percibe y vive la ciudadanía. Falta de prontitud y de carácter son dos debilidades que con facilidad se detectan en cuanto a esclarecer con certeza las causas que originaron el apagón general que afectó a toda República Dominicana hace seis días. A pesar de que, por tratarse del ESTADO, el tiempo es más que suficiente para conocer el origen del problema, lo que se nota a simple vista es que, muy pesar de la gravedad del caso y del costo de sus implicaciones, el Gobierno no tiene ni siquiera sospecha de lo que pudo haber provocado el fatídico apagón. La confesión del ministro de Energía y Mina de que no se descarta un sabotaje y su advertencia de que “se aplicarán sanciones si la investigación determina que hubo intervención humana”, representa la prueba más fehaciente de que no se sabe frente a qué estamos. El ejercicio no se ha hecho o no se conoce que exista, pero resultaría interesante disponer de estadísticas confiables y actuales, a propósito del 182 aniversario de la Independencia Nacional, acerca de qué conoce más el dominicano entre el béisbol, los juegos de azar y gesta gloriosa. Lo palpable es claro y preocupante, el dominicano de a pies no conoce a rasgos generales sus propios orígenes, lo que costó el legado que los Padres de la Patria nos dejaran al forjar una nacionalidad, una bandera, un himno, un territorio, una nación libre del yugo que por 22 años mantuvo el invasor haitiano contra los pobladores de esta parte de la isla. Y el desconocimiento no puede ser más lacerante entre los educandos. ¿Será parte de los propósitos de quienes hoy traicionan la obra de nuestros libertadores? (CE).








