Sin Alcohol
Suavecito… La falta de medicamentos en hospitales públicos y “boticas populares” es más grave de lo imaginado. La carencia es aguda y cualquier paciente pobre lo confirma y sufre con amargura. Por ejemplo, buscar con urgencia que le pongan una antitetánica, es misión condenada al fracaso, según comprobación. Lo que antes era asequible de forma gratuita, hoy obliga a pagar 500 pesos en un centro privado. ¿Quién explica por qué las carencias de medicamentos, mientras se malgasta tanto dinero en prácticas indelicadas en las instancias públicas? Lo del precio del oro encanta y a la vez amarga. Una onza troy se vende HOY por 5 mil 120 dólares. Ha ido en alzas sucesivas en los últimos años, pero el dominicano ignora el más mínimo detalle del negocio con su oro; no tiene ni idea de lo que pasa con todo el oro que se lleva la Barrick, no sabe cuántas toneladas sacó por ejemplo en 2025, desconoce qué instancia oficial supervisa la extracción, embalaje y exportación, quedando el país a merced de lo que la empresa minera reporte, que es casi siempre lo que le parece y conviene. A propósito, informó que en 2025 pagó apenas 500 millones de dólares en tributos directos. Todos sospechan que son cifras amañadas, pero son sus irrebatibles números y no queda otra opción que aceptar lo que nos dan. Todos los parámetros de prudencia y transparencia se esfumaron como por arte de magia del Ministerio de Educación. A ciencias ciertas, no resulta fácil identificar el parámetro menos contaminado de la institución. El renglón nóminas se presenta como una locura. Solo en 2025 pasó de 102 mil empleados administrativos a 127 mil, simplemente tiene más empleados administrativos que docentes. Los actos de corrupción pendientes de conocer en justicia estremecen por ser escandalosos, en contraste con el bajo rendimiento académico y gerencial. Ese Ministerio se ubica entre los peores gestionados. Sin que a ninguna instancia palaciega le importe averiguar, Educación se gasta 867 millones en el pago en un seguro fantasma supuestamente para los estudiantes, pero ningún alumno confirma haber recibido beneficios, mucho menos credenciales para presentarse e identificarse en algún centro de salud. ¿Quién está detrás del susodicho contrato? La pregunta es buena, pero inútil Jijiji… (CE).








