Santiago de los Caballeros, nuestra querida Ciudad Corazón, se encuentra en un cruce de caminos donde la percepción mediática choca frontalmente con la cruda realidad de sus calles y barrios. Desde la Alcaldía, bajo la gestión de Ulises Rodríguez, el discurso oficial pinta un panorama de eficiencia, logros y una transformación profunda que posiciona a Santiago como un referente nacional. Sin embargo, bajo esta bulla mediática, la ciudadanía y diversas voces críticas perciben una verdad muy diferente, mientras la oposición política, alarmantemente, parece silente o ineficaz en su rol de garante de la verdad y los hechos.
La narrativa de la Alcaldía es contundente, Santiago «lidera la gestión de residuos sólidos», es la «ciudad más segura de la República Dominicana» y ha alcanzado una puntuación máxima de 99 en servicios según el SISMAP, lo que la convierte en un «referente indiscutible». Se habla de la eliminación de más de 100 vertederos improvisados, la incorporación de 20 nuevos vehículos de limpieza y una significativa inversión en infraestructura, con más de 70,000 m² de asfalto y mejoras en aceras y contenes. La gestión asegura haber rescatado programas de inclusión social, reactivado el arte y la cultura, y apoyado eventos deportivos internacionales, como el Mundial de Fútbol Femenino, con una amplia campaña publicitaria y la colocación de 100 vallas. Incluso se menciona la persecución de construcciones ilegales, mientras salta a la vista la abusiva construcción del diputado Nelson Marmolejo en la Fuente.
Pero esta imagen, cuidadosamente construida en la prensa y los informes, contrasta dramáticamente con el sentir de una parte significativa de la población. Los problemas que aquejan a Santiago persisten, evidenciando la distancia entre el discurso y la realidad. Por ejemplo:
Recogida de basura: A pesar de las afirmaciones de la Alcaldía, Santiago sigue inundada de basura. Las empresas contratadas incumplen los términos, operando con apenas tres o cuatro camiones cuando deberían usar, al menos,setenta.
Tránsito y vialidad: El caos vehicular es un problema histórico que continúa sin una solución efectiva. Curiosamente, el propio Alcalde Ulises Rodríguez, antes de asumir la alcaldía, ya había diagnosticado el «gran problema del tránsito» y el «caos» en Santiago debido a la falta de planificación de la administración anterior.
Presupuesto participativo y obras: Se denuncia que 12 obras aprobadas en la gestión anterior para 2024, con fondos del Presupuesto Participativo, fueron reprogramadas y rediseñadas por la actual administración sin informar ni certificar a las comunidades beneficiadas.
Mercados municipales: El deterioro y abandono progresivo de los principales mercados, especialmente el icónico Hospedaje Yaque, sigue siendo una preocupación, a pesar de las intervenciones anunciadas.
Contrato de basura: La Alianza Dominicana Contra la Corrupción (ADOCCO) ha objetado un contrato de basura de casi 2,500 millones de pesos, denunciando sospechas de favoritismo y modificaciones en el pliego de condiciones que generan dudas sobre la transparencia y el uso adecuado de los recursos.
Frente a esta embestida mediática de la Alcaldía y la persistencia de los problemas, el papel de la oposición se diluye, mostrando una preocupante debilidad. Si bien los regidores opositores articulan las críticas ciudadanas, su impacto es limitado. La denuncia de ADOCCO sobre el escándalo de la basura, por ejemplo, no ha recibido un respaldo institucional contundente ni del partido Fuerza del Pueblo (FP), ni del PLD y mucho menos el PRSC, lo que limita el peso político de las quejas de sus propios regidores, que han levantado sus voces sin un respaldo de sus altos voceros políticos.
Un análisis del Consejo para el Desarrollo Estratégico de Santiago (CDES), calificó la dirigencia opositora (FP y PLD) como pésima por haberse mantenido en las gradas y no haber percibido la dinámica política subyacente. Esto sugiere una falta de astucia política o de una estrategia efectiva para influir en momentos clave.
En definitiva, la Alcaldía de Santiago parece dominar el espacio mediático con un relato de éxito y progreso, mientras que la realidad palpable para muchos ciudadanos y las voces de la oposición pintan un cuadro de problemas persistentes y promesas incumplidas. La debilidad estratégica de la oposición, sumada a la percepción de que sus voces son marginadas, y una desconfianza generalizada en la administración pública, permiten que la bulla mediática del gobierno municipal imponga su narrativa.
Es urgente que Santiago, una ciudad con un potencial inmenso y una historia de liderazgo, no se pierda en el abismo entre la propaganda y la realidad. La ciudadanía merece una gestión transparente que transforme los problemas en soluciones tangibles, y una oposición fuerte y cohesionada que ejerza su rol fiscalizador con estrategia y eficacia, defendiendo la verdad y los hechos en pro del bienestar colectivo. Sin una verdadera rendición de cuentas y una voz opositora robusta, la democracia local en Santiago corre el riesgo de quedarse solo en imagen y fotografía, mientras la ciudad sigue clamando por acciones concretas.








