Por Hilario Ramirez
Las personas se despiertan afanadas en construir sendas que les guíen hacia un destino de oportunidades bien remuneradas, a fin de financiar su caprichoso estilo de vida y echar a sus hijos por caminos de bienestar.
Esas mismas personas no se detienen un minuto de su ansioso andar, en observación sobre los manipuladores del sistema económico y político de la nación.
En nuestra lengua costumbrista, existe la frase popular que reza lo siguiente:
Por mucho que arran el cochero, la noche le ha de sorprender.
No importa el tamaño de tus sueños si no te detiene un poco a estudiar al entramado de manipuladores del sistema.
Los malabaristas políticos confabulados con los empresarios del dinero mal habido, interactúan métodos estratégicos para moldear el cerebro de los pobladores, igual como lo hacen los alfareros cada vez que dan vida a un objeto de barro.
Hacen del cerebro de una colectividad, sentirse convencido de que un discurso recomendado por emisarios de una organización política, es la idónea para que cada familia consiga el sueño perseguido a favor de sus hijos.
Los políticos y oligarcas con su control mercantil, hacen ingentes esfuerzos de marketing en colocar mediáticos temas de agrado al oído de una gran masa de personas afectadas de ansiedad económica.
La inmensa población vive sueños de barro, por su ingenua fe en grupúsculos corruptos quienes a maneras de suplantar la identidad de aquellos que en realidad sudan la gota gorda, los ponen a pensar y hablar disparates redactados y publicados por ese entramado alfarero.
A muchas personas les interesa sentirse económicamente realizadas, no en imponer sus conocimientos ni convencidos bajo garantía de valores ni apegados a su criterio, sino en vivir del mínimo esfuerzo a través de lo que un grupito piensa para que ellos repitan como papagayo. 🦜
Si permites que delincuentes perfumados y encorbatados, bajen de autos lujosos a sabiendas de que son alquilado, a obligarte poner a su Merce tu desnutrido cerebro, ni en sueños podrás alcanzar la plata para financiar la calidad de vida que tus pestañas parpadean en su estado de ansiedad pretendida para tus hijos.








