
Buenos días. Otra vez ayer el mamotreto injerencista que llaman Amnistía Internacional, agitó la lengua para censurar a República Dominicana y descalificar su autoridad e independencia para decidir cómo manejar su política migratoria. Esta vez atacó el protocolo de acceso a servicios de salud de los haitianos indocumentados en los hospitales públicos, exigiendo su revocación bajo el alegato de que “no están justificadas y son discriminatorias”. En lo que constituye una afrenta irrespetuosa e injerencista, la referida entelequia sostiene que la medida en vigencia supuestamente “contribuye a promover prejuicios raciales y estereotipos y alejan a los haitianos que necesitan atención médica de los servicios de salud, lo que es contrario al derecho a la salud”. ¿Pero, por qué no exige que ese “derecho a la salud” se garantice en Haití? ¿Acaso no es lo correcto que esa entelequia enfoque su intrusa energía en empujar hacia un Estado viable y funcional en Haití? Sencillamente no lo concibe así porque su atrevido accionar forma parte del plan que busca unificar la isla, una alternativa que librería de responsabilidades a quienes se han permitido lo que es hoy la empobrecida nación y, a la vez, exoneraría a ciertas naciones que saquearon sus riquezas y desangraron su otrora eficiente economía. Se trata de un complot contra República Dominicana en el que convergen acciones de toda índole para impedir que, soberanamente, el país decida en libertad lo que tiene que hacer, incluyendo sacar de su territorio a todo el que esté ilegal. ¡Es hora de quitar la máscara a esas escorias inmundas financiadas y manipuladas por intereses que todos conocemos y, a la vez, desenmascarar a quiienes se prestan a servirles internamente. ¡Y a propósito, repetir con Duarte!: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”.








