
El cuidado y la preservación del medio ambiente es un deber de todos los humanos, porque es nuestra responsabilidad proteger la naturaleza, no solo por los que ahora habitamos el planeta tierra, si no porque debemos garantizar un ambiente sano a las futuras generaciones. ¡Pero ese compromiso no es asumido con responsablidad! En el mundo existen grupos económicos poderosos que contaminan nuestra única casa y otros que accionan en contra del ecosistema por ignorancia o falta de compromisos.
Los daños de las empresas transnacionales son muchos y graves. Derrames de petróleo en los océanos,toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, destrucción de la capa de ozono, calentamiento de océanos y mares, talas de importantes zonas boscosas, explotación de minas en lugares inapropiados, contaminación de las aguas dulces virtiendo residuos tóxicos en los ríos, lagos y mares,uso excesivo de plásticos, pescas irresponsables, construcciones de edificaciones sin planificación ecológica y producción agricola con agroquímicos nocivos, entre otras prácticas nocibas que acaban con nuestro medio ambiente.
Ese mal comportamiento frente a la naturaleza provoca dañinas consecuencias como la contaminación del aire, de aguas dulces y suelos, alteración del clima, sequías, huracanes más intensos, deshielo de los glaciales, aumento del nivel del mar, incendios forestales, así disminución de la flora y fauna. A ello se suma la desaparición de cientos de miles de lagos, ríos y otros recursos acuíferos. Pero a nuestro entender, entre todos estos males provocados, el peor es la destrucción de la capa de ozono que nos protege de los rayos ultravioletas del sol.
Para mitigar esos daños, algunos países han tomado ciertas medidas que por el momento no compensa lo que está ocurriendo. Por ejemplo: la generación de energía limpia y renovable, solar, eólica, hidráulica y geotérmica, para depender menos de los combustibles fóciles y proteger el ecosistema y las especies. Tambien el desdarrollo de campañas llamando a conservar el planeta.
Se han adoptado algunos acuerdos internacionales, como el de París en el año 2015, cuando muchas naciones se comprometieron a reducir las emociones de efecto invernadero.De igual forma, el protocolo de Montreal en el año 1987, el convenio de Bacilea en el año 1997, pero, además de que cada una de esas iniciativas han sido violadas por la mayoría de los países suscribientes, Estados Unidos, Francia, Rusia y la India, los resultados obtenidos han sido pírricos.
En lo que concierne a la isla que compartimos con Haití, persiste un preocupante contraste. Mientras República Dominicana muestra una cobertura boscosa satisfactoria, aunque falñta mucho que avanzar, la vecina Haití muestra una naturaleza destrozada debido a la tala masiva e indiscriminada de los bosques. ¡Lo peror es que no hacen nada para evitar que se sega destruyendo el medio ambientge en general!. Esa cultura depredadora de los haitianos pone en alto riesgo la parte dominicana dada las talas criminales que muchos de estos practican de manera ilegal en territorio de la parte Este. La realidad exige de los organismos competentes nacionales, un reforzamiento persistente para preservar nuestros recursos, que implique cocientización y aplicación de fuertes castigos en pos de frenar las acciones violatorias al buen orden de la naturaleza. ¡Eso no espera!







