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Ulises Rodríguez, un triunfo entre debilidades y retos

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Ulises Rodríguez, candidato a la alcaldía de Santiago por el Partido Revolucionario Moderno y aliados, ganó de manera aparentemente holgada el derecho de administrar la Ciudad Corazón por los próximos cuatro años, tras derrotar a su contrincante Víctor Fadul quien postulara por el PLD y la alianza RescateRD.

La victoria del candidato oficialista tiene como telón de fondo una abstención que en el municipio de Santiago fue superior al 70 por ciento de los habilitados para votar, según confirmara el presidente de la Junta Municipal Electoral de Santiago, locutor Haime Thomás Frías, sin dudas un referente que preocupa y exige sea tomado en consideración por el nuevo alcalde de Santiago y, de igual modo, por el conjunto de los partidos políticos del sistema.

La partidocracia se coloca frente a la disyuntiva de ignorar o admitir que a 70 de cada 100 de los santiagueros inscritos para votar, no les generó interés alguno acudir a las urnas para expresar su preferencia por una de las ofertas políticas en juego, un comportamiento que oculta razones que los políticos tendrán que escudriñar y analizar a profundidad.

Se trata de un aplastante segmento de indiferentes que por su tamaño obliga a admitir que el triunfo de Ulises Rodríguez no fue de mayoría y que, por consiguiente, el nuevo alcalde deberá partir de esa realidad a la hora de darle forma crítica y objetiva a una gestión municipal obligada a ser integral, abierta, inclusiva y con suficiente vocación para hacerla participe de la más amplia colectividad santiaguera.

El triunfo de Ulises Rodríguez es real e irreversible y aunque es cierto que ganó con más del 61 por ciento de los votos emitidos, no hay que negar que los resultados del proceso electoral local tienen más de una lectura. Tal vez no sea de agrado para algunos del entorno oficial, quienes probablemente hagan derivaciones ajenas a la esencia de lo que planteamos, pero sería una torpeza obviar que los 82,126 votos obtenidos por el nuevo alcalde solo representan el 12.7 por ciento de los 642, 702 ciudadanos habilitados para votar. ¡Y ni se diga del más del millón de habitantes que viven en el municipio cabecera de la provincia!

No conviene negar esa realidad y lo inteligente sería interpretarla como una real debilidad en términos de representación popular. Solo así se estaría partiendo de bases objetivas a la hora de planificar y formular las acciones y estrategias que servirán de norte a la gestión de Ulises Rodríguez. Dejar de reconocerlo pudiera ser la otra opción, aunque se correría el riesgo de caer en un ejercicio de gobierno municipal no solo limitado en su visión, sino en el alcance de las ejecutorias a poner en marcha.

Los retos no son menos importantes. El compromiso sagrado tiene que ser conservar lo que la ciudad ha logrado en todos los órdenes y, mucho más que eso, ensanchar, crecer, multiplicar, avanzar hacia el desarrollo definitivo de una ciudad funcional, competitiva y abierta al turismo mundial.

Habrá tiempo para profundizar en ese aspecto y para transitar por entre las promesas coyunturales y la oferta programática formal del nuevo alcalde, pero por ahora es más promisorio echar un vistazo al desempeño de la oposición en el proceso electoral, así como a las lecturas que de ella se derivan.

El comportamiento de los números no fue menos crítico para la oposición reunida en el PLD y RescateRD.  Su joven candidato, Víctor Fadul, sumó apenas un total de 50, 415 votos que, comparados con los electores habilitados para sufragar, equivalen al 7.8 por ciento del universo de votantes.

Obviamente, resultaría una de las más crueles perversidades pretender que el derrotado fue Víctor Fadul. Eso sería inadmisible y de hecho corren versiones que atribuyen la baja votación de RescateRD a que, entre otros factores, la coalición no logró siquiera estructurarse, no le fue posible coordinarse y generar acciones que, en común, le permitieran competir contra el oficialismo. A la realidad se suman otros perjuicios como las diferencias/competencias políticas no solo a lo interno de la coalición, sino dentro de los propios partidos aliados.

Es en ese contexto que algunos consideran que Abel Martinez no asumió con rigor la candidatura de Víctor Fadul y que su contribución en ese sentido fue mediocre. En adicción, se arguye su poco interés por el fortalecimiento de la alianza, identificándose como elemento perturbador su marcada objeción a que el PLD apoyara a Demóstenes Martínez como candidato a senador de Santiago por la Fuerza del Pueblo.

Luce que las conductas individuales, el afán por vencer al otro a pesar de ser aliados y esa pasión por privilegiar una práctica contraria a los predicamentos de representación y defensa del pueblo, reeditarán los resultados de febrero.

Pero por encima de sentimientos y pasiones, la abstención en Santiago fue en lo particular abrumadora y aplastante. Y según estiman muchos, el gran perdedor no fue Víctor Fadul, sino el candidato presidencial del PLD y alcalde de la Ciudad Corazón por ocho años continuos, Abel Martinez.

 

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