Por José Armando Toribio
Santiago de los Caballeros-La República Dominicana atraviesa momentos difíciles que no se pueden ignorar, no se trata de llamar la atención de manera exagerada ni de ver todo negativo, pero los hechos que están ocurriendo diariamente en las calles, en las escuelas y en los hogares deben preocupar a toda la sociedad.
Cada día se observan situaciones que hace algunos años parecían impensables, estudiantes enfrentando y faltándoles el respeto a sus maestros, personas discutiendo por cualquier motivo en las calles, ciudadanos actuando con intolerancia y conductores convirtiendo las avenidas en espacios de desorden donde nadie quiere ceder el paso y donde la prisa parece más importante que la vida humana.
La realidad del tránsito en cualquier ciudad dominicana es preocupante, motoristas cruzando semáforos en rojo, circulando por las aceras y poniendo en peligro a peatones, vehículos desplazándose a alta velocidad entre carriles y conductores irrespetando señales básicas.
Los peatones también viven con temor en muchas zonas del país, porque caminar por una calle se ha convertido en un riesgo constante, personas teniendo que apartarse para evitar ser atropelladas por motocicletas o vehículos que invaden espacios destinados para quienes solo intentan llegar seguros a sus hogares, trabajos o centros de estudio.
Otro tema que sigue causando dolor en la sociedad dominicana es el aumento de los feminicidios, una tragedia que continúa arrebatando vidas y destruyendo familias enteras, mientras muchas personas sienten que todavía faltan acciones más firmes, educación emocional, orientación familiar y medidas preventivas que ayuden a enfrentar una situación que mantiene alarmada a toda la población.
También preocupa el daño constante al medio ambiente, con explotaciones indiscriminadas, contaminación de ríos, tala de árboles y acciones que afectan directamente los recursos naturales del país, mientras comunidades enteras observan cómo se deterioran espacios que durante años fueron fuente de vida y bienestar para miles de familias dominicanas.
Muchos ciudadanos sienten que se ha perdido la conciencia colectiva, porque ya no se piensa en el bienestar común sino únicamente en el beneficio personal, provocando que el respeto por las leyes, por las normas y por la convivencia social quede en un segundo plano.
La República Dominicana necesita más educación, más orientación familiar, más autoridad responsable y también más ciudadanos comprometidos con cambiar la realidad que hoy se vive, porque si cada problema continúa siendo visto como algo normal, llegará el momento en que el país perderá valores fundamentales que durante décadas ayudaron a mantener la unión y el respeto entre la gente.
“Un país sin respeto pierde poco a poco su esencia como sociedad.”








