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¿Qué negoció el Gobierno con EE.UU. en puertos y aeropuertos?

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Palacio Nacional RD
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En política, hay decisiones que se explican solas… y hay otras que solo se explican cuando uno mira lo que se quiso esconder. El reciente permiso otorgado por el Gobierno dominicano para que fuerzas estadounidenses utilicen puertos y aeropuertos del país pertenece a esta segunda categoría: una medida repentina, pobremente explicada y ejecutada como si hubiera sido acordada mucho antes de que alguien pudiera debatirla.
Cuando los gobiernos actúan así, la pregunta no es qué dicen que están haciendo, sino qué se vieron obligados a aceptar.

Una decisión sin narrativa: cuando el Gobierno habla en clave, es porque no quiere decirlo todo

Lo primero que llamó la atención no fue el permiso en sí, sino la torpeza con que se comunicó. Las expresiones oficiales fueron casi caricaturescas: “operación de cooperación técnica”, “apoyo logístico”, “asistencia conjunta”. Ninguna frase explica qué hará EE.UU., con qué personal, bajo qué protocolos, con qué límites y quién supervisará esas operaciones.

Cuando un gobierno utiliza palabras que parecen decir algo sin decir nada, es porque no puede revelar la versión completa. Ese es el primer síntoma de un acuerdo apurado, poco transparente y, probablemente, negociado en circunstancias de presión.

En diplomacia, los silencios no son falta de información: son una forma de admitir que hubo compromisos que no se quieren detallar.

La oposición encendió las alarmas antes que el propio Gobierno las apagara

Lo que ocurrió fue inédito: las reacciones de la oposición fueron más rápidas, más claras y más completas que la explicación gubernamental.

Desde la Fuerza del Pueblo hasta sectores críticos del PLD, el PRD y el Frente Amplio, coincidieron en tres puntos fundamentales:

  1. Se omitió al Congreso, violando la práctica constitucional en materia de acuerdos internacionales.
  2. No se informó suficientemente a la ciudadanía, como si el Gobierno quisiera agotar el hecho consumado antes de admitirlo.
  3. El acuerdo parece tener un trasfondo no revelado, como si el país estuviera pagando una factura política que no conocemos.

Y en los pasillos de la política, donde las intuiciones pesan más que los comunicados, dominaba una frase:
“Eso no se firma así, a menos que te tengan agarrado por algún lado.”

El país percibió que al Gobierno no le quedaba de otra. Y cuando una administración parece actuar con la espalda contra la pared, siempre emerge la sospecha de que cedió más de lo que está dispuesta a admitir.

¿Qué exigencias plantean otros países cuando EE.UU. opera en sus bases, puertos o aeropuertos?

Para medir la magnitud de lo que acaba de ocurrir, basta mirar cómo se manejan acuerdos similares en otras naciones.
La comparación duele.

  1. Alemania, Japón, Corea del Sur y España: control parlamentario obligatorio

En estos países, todo acuerdo con EE.UU. pasa obligatoriamente por el Parlamento, con debates públicos, informes legales y límites operacionales claros.
Nada se firma en secreto y mucho menos se ejecuta sin el control legislativo.

  1. Colombia: condicionamientos de seguridad y soberanía

Los convenios militares requieren control judicial, seguimiento político y protocolos estrictos sobre jurisdicción.
Colombia exige que cualquier delito cometido por militares estadounidenses fuera del servicio sea juzgado por tribunales colombianos.

  1. Italia y Filipinas: límites territoriales y prohibiciones expresas

Solo permiten operaciones dentro de áreas previamente definidas.
Prohíben que las fuerzas estadounidenses actúen de manera autónoma.
Y exigen transparencia total sobre el tipo de equipo que se introduce al país.

  1. Japón y España: compensación económica y tecnológica

Ambos países solo aceptan operaciones si hay:

  • compensaciones financieras,
  • inversión en infraestructura local,
  • transferencia tecnológica, y
  • reportes periódicos al gobierno y al parlamento.
  1. Brasil, Chile y Uruguay: protocolos democráticos regionales

Latinoamérica, incluso países tradicionalmente aliados de EE.UU., exige:

  • Consulta al Congreso,
  • Publicación del acuerdo,
  • Límites estrictos en tiempos y objetivos,
  • Y, presencia de autoridades nacionales en cada operación conjunta.

 

¿Y la República Dominicana?

Aquí, en cambio, el Gobierno actuó solo, sin Congreso, sin documentos públicos, sin límites técnicos claros y sin admitir si hubo compromisos previos en materia política, económica o de seguridad regional.

Mientras otras naciones negocian desde la soberanía, RD luce como si hubiera aceptado un paquete que ya venía cerrado, con la única tarea de firmarlo sin hacer preguntas incómodas.

Señales inequívocas de un “negocio forzado”

Aunque el Gobierno intenta vender la narrativa de la cooperación rutinaria, cuatro señales revelan que aquí hubo algo más:

  1. El apresuramiento

Los acuerdos verdaderamente técnicos se anuncian con antelación.
Este se reveló después de firmado, y casi por accidente.

  1. La incomodidad del discurso oficial

Cuando una administración está tranquila, lo dice.
Aquí, la explicación parecía redactada por alguien que sabía que caminaba sobre vidrio.

  1. La ausencia total de detalles operativos

Nadie en el Gobierno —ni Cancillería, ni Defensa, ni Presidencia— ha explicado:

  • Cuántos militares estadounidenses vendrán,
  • Qué tipo de operaciones realizarán,
  • En qué lugares específicos operarán,
  • Quién ejercerá el mando,
  • Qué restricciones tendrán,
  • Y, qué obtiene el país a cambio.

La omisión es tan abrumadora que parece deliberada.

  1. El contexto regional y la vulnerabilidad del Gobierno

EE.UU. está presionando a varios países del Caribe por razones geopolíticas, migratorias y de seguridad.
Y el Gobierno dominicano atraviesa uno de sus momentos más frágiles políticamente.
Cuando se juntan un país presionando y un gobierno debilitado, la conclusión natural es esta: La negociación no fue entre iguales.

¿Qué pudo haberse negociado realmente?

La pregunta que recorre la política dominicana no es si Estados Unidos operará en RD —eso ya es un hecho— sino:

¿Qué dio el Gobierno a cambio?

Las hipótesis sobre la “factura” que el Gobierno estaría pagando se han multiplicado precisamente porque el hermetismo es total. Y cuando un Gobierno en aprietos firma algo tan sensible a oscuras, las interpretaciones toman vida propia.

Entre los escenarios que analistas, diplomáticos y sectores de oposición mencionan, y que circulan con insistencia en ámbitos políticos, hay uno particularmente delicado:

El tema del narcotráfico y los expedientes federales.

En Washington existen procesos, acusaciones y condenas confirmadas contra individuos vinculados al narcotráfico que, según documentos judiciales públicos, han tenido relación política o proximidad con figuras del PRM. Varios de esos casos están en cooperación con fiscales federales, lo que implica que los acusados podrían estar ofreciendo información sobre redes, contactos o apoyos en la región.

Aunque no se han revelado nombres de altos funcionarios dominicanos en documentos públicos, analistas sostienen que la posibilidad de delaciones que afecten al liderazgo oficialista no es descartable, especialmente cuando los expedientes se encuentran abiertos y las investigaciones continúan.

Ese contexto alimenta la suspicacia de que el Gobierno, consciente de su vulnerabilidad ante cualquier giro de estos casos, no estaba en posición de tensar la cuerda con EE.UU., mucho menos de rechazar solicitudes sensibles vinculadas a seguridad, movilidad de personal o cooperación operacional.

A ese escenario se suman otras hipótesis que circulan en el debate público:

  • Apoyo estadounidense en el manejo del conflicto haitiano,
  • Respaldo diplomático en organismos internacionales,
  • Compromisos migratorios no revelados,
  • O acuerdos discretos en materia de inteligencia regional.

Todas estas posibilidades han adquirido fuerza porque la falta de información oficial abrió un vacío perfecto para la sospecha.
Y en política, cuando un Gobierno deja vacíos, “otros” los llenan.

La pregunta final: ¿Cedió el Gobierno porque quiso… o porque tuvo que hacerlo?

Los gobiernos soberanos negocian.
Los gobiernos débiles acatan y disimulan.

Y todo en este episodio, desde la explicación torpe hasta el hermetismo absoluto, sugiere que esta decisión no nació de una estrategia nacional, sino de una presión externa combinada con una debilidad interna que obligó al Gobierno a firmar un acuerdo que nunca habría defendido abiertamente.

Porque, al final, las naciones ceden cuando conviene.
Pero los gobiernos que no pueden decir “no”… ceden porque no tienen alternativa.

Y ese, precisamente, es el verdadero escándalo.