«Al maestro»
Maestro noble, luz temprana,
que abre caminos cada día;
con su paciencia siempre gana
el alma de quien lo seguía.
Siembra esperanza en cada mente,
cultiva sueños con amor;
convierte al niño en hombre fuerte,
con fe, con ciencia y con valor.
Su voz es fuente cristalina
que nunca deja de enseñar;
es una estrella que ilumina
la senda digna de avanzar.
No busca aplausos ni riquezas,
ni vive ansiando admiración;
su premio son las fortalezas
que nacen en cada corazón.
En cada libro deja huellas,
en cada clase un ideal;
enciende mundos como estrellas
con su labor tan magistral.
Cuando el cansancio lo acompaña,
no deja nunca de luchar;
porque comprende que la hazaña
es enseñar y edificar.
Maestro, faro de la vida,
ejemplo vivo de bondad;
tu noble entrega es la semilla
de un pueblo unido en libertad.
Que Dios bendiga tu camino,
tu vocación y tu deber;
pues quien enseña con cariño
ayuda al mundo a renacer.
Tu nombre vive en la memoria
de quien aprendió a leer;
y escribes páginas de gloria
que el tiempo no podrá vencer.
(Versión IA).
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Coordinación: Mario Crescencio Bulduan









