Por José Armando Toribio

Santiago de los Caballeros-Uno de los problemas que nos afecta significativamente es el uso generalizado y cada vez más creciente de plásticos en sus diferentes formas, una realidad que en apenas siete décadas se ha convertido en uno de los mayores desafíos ambientales de la humanidad y que hoy impacta directamente nuestra calidad de vida.
El plástico se ha transformado en un enemigo persistente del medio ambiente con daños colaterales que resultan muchas veces invisibles, pero devastadores afectando el lecho marino la vida silvestre y también a los seres humanos que terminan consumiendo residuos a través de peces y aves contaminadas sin siquiera notarlo.
La basura que generamos con los plásticos debe llevarnos a una profunda reflexión colectiva sobre nuestras acciones cotidianas y su impacto en la naturaleza. El mejor ejemplo de esa situación crítica se evidencia en el río Yaque del Norte en la comunidad de Castañuelas, en la Provincia de Montecristi, donde se observan grandes cantidades de botellas, platos, vasos, envases de comida rápida, galones y otros desechos, que retratan una preocupante realidad.
Todo ese material que consumimos a diario en cantidades industriales termina acumulándose en nuestros ríos, mares y suelos, deteriorando los ecosistemas y comprometiendo la vida de especies que dependen de estos espacios para sobrevivir, mientras nosotros seguimos alimentando un ciclo de contaminación difícil de revertir.
Es urgente que los ayuntamientos asuman un rol más activo en la educación ambiental promoviendo charlas en juntas de vecinos y comunidades para orientar sobre el manejo adecuado de los residuos, la clasificación de la basura y el establecimiento de horarios para su recolección de manera organizada.
Es preocupante observar la falta de educación ambiental que aún persiste en la sociedad dominicana, reflejada en la enorme cantidad de desechos visibles en nuestros ríos, una imagen que más que indignación debería generar vergüenza y un compromiso real de cambio.
También es alarmante la práctica de aprovechar las inundaciones para lanzar basura a las cañadas y cuencas acuíferas del país, una conducta irresponsable que acelera el deterioro ambiental y pone en riesgo la salud de todos al contaminar nuestras principales fuentes de agua.
Ante esta realidad se hace imprescindible la creación y aplicación de leyes más estrictas que sancionen a quienes arrojan basura en los ríos y espacios naturales, acompañadas de campañas de concienciación que fomenten una cultura de respeto hacia el medio ambiente y promuevan un futuro más sostenible para las próximas generaciones.
Igual responsabilidad tienen que asumir los fabricantes de los plásticos que irresponsablemente inundan a la humanidad, dicidiendo si sus rentables negocios y ganancias, pueden seguir estando por encima de la obligacion de salvar el medio ambiente, que es lo mismo que salvar al planeta.








