
Buenos días. Las lluvias caídas en los últimos días ponen de relieve nuevamente los viejos temores y problemas que tiene República Dominicana, en cuanto a su infuncional sistema cloacal. A la vez, reproducen el peligro que acecha a cientos de miles de dominicanos que habitan en zonas der alto riesgo. De un lado, están las constantes inundaciones en los grandes centros urbanos, con sus consabidas consecuencias, que se atribuyen a la existencia de sistemas cloacales obsoletos o bloqueados en la casi totalidad, y del otro lado, las crecidas de ríos, cañadas y arroyos que en muchas ocasiones cobran vidas y obligan a desalojos forzosos. De ambas debilidades solo nos acordamos cuando las funestas consecuencias vuelven a sacudirnos, pero las autoridades nacionales y locales siguen sin planes para dar respuestas satisfactorias a los citados fenómenos. De ahí que se llegue a creer que los políticos en el ejercicio del poder, no dan importancia a las inversiones en sistemas pluviales y cloacales porque no son obras a las que se les pueda sacar mayores provechos políticos. Peor aún, ni siquiera existen acciones permanentes para la limpieza de las cloacas, lo que libraría a tantos hogares de las inundaciones que sufren al convertirse las calles en verdaderos brazos de mar No se acaba de forjar conciencia respecto a que las temporadas de lluvias empeoran los riesgos de tantas familias que su situación económica, les obliga a permanecer en áreas de alta vulnerabilidad. ¡Y son criollos que viven en este país de crecimiento económico sostenido!, En un país asiento de grandes y poderosos millonarios, paraíso del lavado y el narco, pero, en definitiva, un país sin drenaje adecuado, ni alcantarillado y con viejos sistemas que colapsan con una pizca de lluvias, convirtiendo las ciudades en mares de campo abierto. ¡Pero sí somos!








