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Buenos días. A través de los tiempos, América Latina se consagra como espacio de paz. En su historia no hay espacio para otra tarea que no sea sobrevivir. Así lo confirman décadas perdidas en su afán de salir del atraso, de insertarse en el desarrollo económico y social, en fortalecer sus raíces y su modelo democrático. América Latina ha padecido la ineficacia del modelo político impuesto, que a propósito solo ha servido para sutilmente esclavizarle, para hacerla eternamente dependiente, para convertirla en cenicienta de intereses foráneos y víctima de la desigualdad en el comercio y en la imposición de esquemas que malogran su desarrollo y determinación. Como han formulado con mucha justeza algunas voces, en el desagradable contexto actual por el que atraviesa, América Latina no tiene armas nucleares, no esconde propósitos fratricidas, no tiene intención de invadir, agredir a nadie en lo absoluto, solo cuenta con metas truncadas y solo es depositaria de huellas y heridas de saqueos de ayer y hoy. Solo sufre las consecuencias de que se le doblegue, use, pise y explote como burro tonto e indefenso. Sus luchas son contra la pobreza eterna, la desigualdad, el trato desigual en los esquemas de comercio internacional, lo que explica que destine el 48 % de sus ingresos a la deuda pública y que apenas invierta el 6 % en educación. Su arsenal no es de armas de destrucción masiva, es de una injusticia esquemática e impuesta que obedece a situaciones insustentables, pero lacerantes y reales. Por ejemplo, que los ingresos del 10 % más rico superan a los del 90 % más pobre y que la riqueza conjunta de los milmillonarios en 2024, creciera tres veces más rápido que en 2023! Por donde quiera que se le observe, con las honrosas excepciones, América Latina es el paraíso de los retazos, de los problemas acumulados, de la falta de oportunidades, de soluciones truncas, de desesperanzas de los marginados, de inequidad, demagogia y demagogos, de serviles, entreguistas y farsantes que visten trajes de políticos, empresarios y curas. De ahí que sus prioridades nada tienen que ver con las apetencias desmedidas de quienes fungen como sus amos, mucho menos con guerras y conflictos que solo sirven para usarla y enfrentarla entre sí como pueblos y naciones. América Latina no solo tiene derecho a una mejor suerte, sino que a se respete su vocación por la paz…








