
Buenos días. Los acontecimientos en torno a Venezuela y el desempeño frente a estos de la ONU, confirman lo que hemos sostenido respecto a la inoperancia de esa entidad. A la vez, ratifican que la democracia como sistema político no pasa de ser una caricatura manipulada a partir de los sagrados intereses del imperio. Y no se trata de posturas alegres, ni de interés alguno de desacreditar al sistema, sino de llamar la atención acerca de lo que en esencia representa el modelo en nuestra América Latina. ¿De qué sirve que la ONU apruebe una resolución de condena al proceder imperial de Donald Trump contra Nicolás Maduro y el Gobierno constitucional de Venezuela, cuando la Casa Blanca ni siquiera se da por enterada? Peor aún, cuando se viola olímpicamente el mandato emanado de esa entelequia en procura de garantizar el principio de soberanía de los Estados y la no agresión de una nación a otra. Se trata de disparates para entretener y que los amos del mundo, con la complicidad de sus infelices títeres y marionetas, usan a su libre albedrío. El mejor ejemplo está representado no solo en el asalto brutal a la soberanía venezolana, sino también en las groseras invasiones practicadas por de Estados Unidos con el consentimiento de mandatarios latinos que se arrastran ante el amo como perritos falderos… ¿Y qué hace la ONU ante estos groseros actos para hacer valer sus palabras muertas? Nada que no sean palabras y resoluciones siempre irrespetadas, siempre ignoradas por los mismos actores.








