Buenos días. Un par de días atrás nos referimos al anuncio de Roberto Santana respecto a cómo operarán los nuevos recintos carcelarios que tienen en agenda construir las autoridades. Y volvemos sobre el tema, aunque retrotrayendo el caso particular de la cárcel La Victoria. Es que esa no solo es una vergüenza que enrostra un miserable pasado de torturas y muertes, sino porque sigue fungiendo como una protegida plaza comercial donde se trafica, vende y compra de todo, naturalmente con la consabida complicidad de las autoridades. Al tema se han referido tanto el Defensor del Pueblo, Pablo Ulloa, como el propio Roberto Santana, quienes han puesto al desnudo la realidad imperante en el citado recinto carcelario. Ulloa reveló hace poco que la Victoria y demás cárceles del país funcionan “como laboratorio del delito” y que los reos tienen en estas “todo tipo de negocios”. Pero Roberto Santana ha sido más incisivo en la reiteración de su denuncia de que el comandante de La Victoria se carga “un millón de pesos al día” por facilitar las operaciones mafiosas que ocurren en el penal todos los días. Lo denunciado por uno y otro prometió ser investigado y corregido por la procuradora general de la república, Mirian Germán, solo que la sociedad no conoce una sola iniciativa que haya sido puesta en marcha con relación a lo anunciando. La inactividad hace pensar que un caso tan vergonzoso y aborrecible, no despierta el suficiente interés oficial como para ser encarado con determinación y energía. Y mientras tanto, los benditos operativos siguen siendo la respuesta, aunque solo sirvan para incautar armas, drogas, aparatos telefónicos, celulares, antenas para comunicación telefónica, cámaras de vigilancia, mercancías y demás, que a los pocos días reaparecen nueva vez. ¿Qué esencialmente hace que semejantes ofensas se erijan como imbatibles?








