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Igualdad de oportunidades, una quimera del capitalismo

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Julio Disla
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Por Julio Disla

La narrativa del capitalismo insiste en que “con esfuerzo todo se logra”. Se nos dice que todos partimos desde la misma línea de salida y que el talento, la disciplina y la constancia bastan para alcanzar el éxito. Pero la realidad es otra: la igualdad de oportunidades es un mito funcional al sistema, una ilusión que jamás se concreta en la vida de los pueblos.

La herencia del privilegio

No es lo mismo nacer en la cuna de un empresario que en el hogar de un trabajador.

El hijo del empresario hereda capital, contactos, escuelas privadas, seguridad y la posibilidad de equivocarse sin que su vida se derrumbe.

En cambio, el hijo del trabajador se enfrenta desde temprano a la precariedad: escuelas públicas deterioradas, falta de recursos, la necesidad de aportar al sustento familiar, la falta de acceso a salud y la incertidumbre de si podrá continuar sus estudios.

“Mientras unos crecen con una red de seguridad, otros lo hacen desprotegidos y sin respaldo gubernamental.”

El mercado laboral como filtro de clase

En el capitalismo, la educación, el empleo y la cultura son mercancías.

Quien puede pagar accede, quien no queda marginado. El mito del mérito individual choca con la realidad de un mercado donde las élites se reparten las posiciones de poder y donde los contactos pesan más que el talento.

El hijo del empresario está predestinado a mandar; el hijo del obrero, a obedecer.

La ilusión que sostiene la dominación

¿Por qué se repite tanto la idea de la igualdad de oportunidades?

Porque cumple un papel ideológico:

  • Culpa al individuo por su pobreza.
  • Oculta que la desigualdad es estructural.
  • Justifica que unos pocos acumulen riqueza a costa de la mayoría.

“Si el capitalismo fuera justo, no necesitaría mentirnos tantos con la igualdad de oportunidades.”

La igualdad de oportunidades no existe en el capitalismo, porque este sistema se fundamenta en la desigualdad. No es un accidente, es su esencia. Mientras existan clases sociales, la educación y la salud sean privilegios y el capital se herede, los hijos de los trabajadores nunca estarán en igualdad de condiciones con los hijos de los empresarios.

La pregunta que debemos hacernos no es cómo lograr igualdad en el capitalismo, sino cómo construir una sociedad donde esa igualdad deje de ser un sueño y se convierta en realidad.

 

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