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Haití, una preocupación puesta en las agendas y algunas evasivas

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Imagen de archivo muestra a miembros de las bandas armadas que mantienen crisis en Haití. (FUENTE EXTERNA).
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La crisis que asola a Haití se ha transformado, sin lugar a dudas, en una preocupación mayúscula que finalmente está ocupando un espacio prominente en las agendas internacionales y nacionales. La nación vecina, tras el asesinato del presidente Jovenel Moise en 2021, ha experimentado un deterioro grave hasta convertirse en uno de los países más violentos e inseguros del mundo. Existe un alto riesgo de que caiga completamente bajo el control de grupos armados como Viv Ansanm y Gran Grif.

La República Dominicana se ha tenido que convertir en una voz constante de alerta en el sistema multilateral sobre esta situación. Reconociendo la amenaza que un Haití desestabilizado representa para toda la región en términos de narcotráfico, terrorismo y delitos transnacionales, el país ha tomado una acción sin precedentes. El presidente Luis Abinader y los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina han unido fuerzas para abogar por un apoyo firme y urgente a Haití en la Organización de las Naciones Unidas. Han enviado una carta conjunta a líderes de países con presencia en el Consejo de Seguridad de la ONU, incluida una dirigida específicamente al presidente estadounidense Donald Trump.

La propuesta dominicana central es transformar la actual Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) en una misión híbrida con liderazgo logístico y operativo directo de las Naciones Unidas. Argumentan que esta modalidad superaría los obstáculos financieros y operativos que limitan la capacidad de respuesta de la MSS, permitiendo un enfoque más eficaz y legítimo para restaurar el orden público y apoyar un proceso democrático liderado por los propios haitianos. La urgencia es tal que instan al Consejo de Seguridad a adoptar una resolución cuanto antes, idealmente antes de finales de junio, de cara a la próxima rotación de efectivos kenianos prevista para julio.

Mientras tanto, la situación interna es crítica. Los grupos armados, como la coalición Viv Ansanm (liderada por Jimmy Chérizier, alias Barbecue y la pandilla Gran Grif liderada por Luckson Elan, han sido designados como organizaciones terroristas por Estados Unidos y el gobierno dominicano. Estas bandas se sostienen a través de la extorsión, el cobro de pagos de protección, y el secuestro para exigir rescates. Gran Grif ha sido responsable de masacres y se dedica a cometer abusos contra los derechos humanos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, violaciones y reclutamiento de menores, además de traficar con armas y municiones. Curiosamente, Barbecue, a pesar de amenazar con respuestas sangrientas tras operaciones policiales en su contra, también ha expresado que el diálogo es la única vía para sacar al país de la violencia.

La respuesta internacional, sin embargo, muestra divergencias. En una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, si bien hubo consenso en la urgencia de restablecer la seguridad, las potencias se pasaron la responsabilidad sin asumir acciones concretas. Estados Unidos afirmó que no puede continuar con la enorme carga financiera de la misión y llamó a la comunidad internacional a asumir su parte. China criticó a EE.UU. por ser fuente de tráfico ilegal de armas desde Florida y principal interferencia en el desarrollo haitiano, mientras que Rusia enfatizó que la solución debe venir del propio pueblo haitiano. Países europeos expresaron preocupación pero no ofrecieron acciones específicas.

En el ámbito nacional, la República Dominicana también aborda la crisis internamente a través de un diálogo plural en el Consejo Económico y Social (CES), involucrando a sectores empresariales, laborales y sociales. Este diálogo se organiza en seis ejes estratégicos, incluyendo migración, comercio bilateral, desarrollo fronterizo y seguridad nacional. El presidente Abinader ha hecho un llamado a la unidad nacional para afrontar este desafío.

La crisis haitiana ha escalado hasta convertirse en una prioridad regional e internacional. La República Dominicana ha articulado una propuesta concreta en la ONU y ha abierto un espacio de diálogo interno. Sin embargo, la falta de un liderazgo internacional unificado y de compromisos concretos en el Consejo de Seguridad, sumada al poder destructivo de las bandas armadas, subraya la complejidad y el largo camino que queda por delante para encontrar una solución sostenible. La preocupación está en las agendas, pero la acción decisiva aún es incierta.

 

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