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Falta un ejército cultural… Amaneciendo

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Periodista Perfecto Martínez.

( Y 2)

Buenos días. En la entrega anterior destacábamos el coraje de nuestros ejércitos y la valentía de los dominicanos para enfrentar y derrotar a las tropas haitianas, que en varias ocasiones invadieron nuestro territorio y finalmente ocuparon esta parte de la isla durante 22 años. Hoy, la gravedad de la situación que vive Haití y las pocas perspectivas de que pueda superarla, exige que no solo tengamos soldados armados apostados en la frontera, sino un ejército cultural que forje y refuerce la identidad nacional de los criollos. República Dominicana está frente a un inminente peligro, ante una amenaza viva que pone en alto riesgo su soberanía e independencia, realidad que obliga a plantearse la formación urgente de ese otro ejército, no ya de armas, sino de cultura, de conocimientos, de enseñanza permanente de nuestra historia. Se trata de forjar tropas en capacidad para inculcar en la mentalidad de los dominicanos sus raíces, quiénes somos, de dónde venimos, quién y por qué odia a quién, quién ha invadido a quién, las consecuencias funestas que padecimos a lo largo de 22 años de ocupación y dictadura, el valor y sacrificio de Duarte y sus compañeros de La Trinitaria, crear conocimiento, respeto y conciencia hacia nuestros símbolos patrios, costumbres y tradiciones, valores y creencias, arte y música, así como del orgullo de ser dominicanos libres, soberanos e independientes de toda potencia extranjera. La convicción predominante es que el dominicano desconoce su historia respecto a Haití, no sabe lo que representa la masiva presencia de haitianos ilegales en su territorio, no conoce la dimensión y riesgos de lo que pasa en Haití, solo sabe que estamos llenos de vecinos ante los que se comporta con alto grado de sensibilidad y solidaridad humana. De ahí la necesaria tarea de armar el ejército cultural y tomar escuelas y universidades, hogares, medios de comunicación convencionales y modernos, el pulpito y cada espacio de enseñanza, no para inculcar odio, sino para construir una armadura de conciencia, de identidad, de amor al terruño patrio, así como de determinación para protegerlo y defenderlo cuando sea y frente a quien sea. ¡Es hora de caminar en esa dirección!

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