
Buenos días. La sociedad dominicana está irremediablemente enferma. Factores de toda índole, internos y exógenos, provocan que respire descomposición por sus cuatro costados. El cuadro se hace más evidente, influyente y tétrico en lo referente a los medios de comunicación masiva, justo donde el hedor se esparce con imponente arrogancia e intensidad, sin que nadie haga el mínimo esfuerzo por contenerlo. Para comprobarlo, basta con detenerse solo un poco y observar ciertos canales de televisión y emisoras de radio televisadas, convertidas en cobijos de criaturas malcriadas, de comportamientos irreverentes y de lenguas más agitadas que un volcán en llamas… Son inventos de estos tiempos permisivos, sujetos y “sujetas” que descuartizan como carne podrida a quien sea, que no conocen de límites ni reparos y que confunden su “influencia” pasajera, con una patente de corcho que les otorga poder y libertad para juzgar, condenar, irrespetar y desafiar, sin la más mínima regla de respeto y decencia. ¡Y los hay entre ellos que dieron el salto social a base solo de la agresividad y suciedad de sus bocas! Exhiben poder, riquezas, influencias, lujos, confort, porque los dueños de los medios y el propio Estado, les otorgan licencias sin límites, además de que, tras ellos, hay sustentadores económicos a quienes solo importa aprovechar la audiencia cautiva que consume sus porquerías para convertirla en cliente de sus negocios. Actúan como carroñeros que se alimentan de los despojos de la moral social descuartizada, lo que no les provoca compromiso social alguno. Es una penosa realidad donde los “productores de programas” se esfuerzan por ganar la atención a base de groserías, irrespeto desenfrenado y exorbitante morbo. ¡Pero es lo que tenemos y parece que seguiremos padeciendo!








