Inicio Opinión En el surco del soñador germina la semilla de la envidia

En el surco del soñador germina la semilla de la envidia

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Por Hilario Ramirez

Hay quienes sueñan en grande y despierto; acechado por la voraz frustración de patológica envidia.

El castigo le llega a quien lastima, de manera natural.

Cuando pensamos en hacer realidad un propósito soñado y puesto en marcha su proyección de perseguidos afanes cotidianos, aparecen iluminadas sonrisas de hipócritas compitiendo con el sol naciente tras la aurora, encendiendo con saña las intenciones soterrada bajo el manto de pláticas en procura de averiguar metas ajenas.

La frase sugiere que el castigo surge de forma natural como consecuencia de hacer daño a otros, un concepto que se relaciona con la idea de karma o justicia inmanente.

Si bien no se trata de un castigo impuesto en el sentido legal o social, se refiere a las repercusiones negativas que el perpetrador puede sufrir, tanto por la mala voluntad del perjudicado como por las consecuencias intrínsecas de sus actos.

El karma es tan exacto y preciso, que da riendas sueltas al verdugo envidioso creerse exitoso cuando en la cima de la abundancia se encuentre bailando y destilando emociones dtogadas; pero en segundos le llega la purga del castigo cual destierra sin avisos a esas festivas satisfacciones.

Quien posea sabiduría en sus actos personales, sabrá administrar la inclemente karma cuando se sienta burlado en su dignidad, por parte de uno-a o varios inicuos.

Una persona que haya cultivado su intelecto en los pasillos académicos Universitario, suele crear código de vestimenta (traje y corbata), con la coherencia científica amueblada en su cerebro pensante.

Así se manifiesta también en la sabiduría de una persona resiliente que callado sufre la crueldad de los envidiosos; sin mirar atrás finge no ver obstáculos y amparado en la máxima filosófica del cristianismo al rezar «ponle aceite a mi lámpara Señor, atraviesa batallones hasta alcanzar lo planificado.

Como suelen mencionar en rodajes cinematográfico, cuando alguien adversa en tu contra para poner zancadilla a tu plan A, actúa con naturalidad hacia tu plan B.

En la cotidianidad de vicisitudes de infancia mis oídos frecuentaban escuchar una frase hiriente pronunciada por la fémina de un matrimonio: «tú actúas como el que caga, y no lo siente».

Aludiendo a ciertas personas que lastiman los sentimientos y dignidad de su más cercana convivencia familiar, luego regresan con zalamería e ignorando las heridas que ocasionó.