Por Hilario Ramirez

La sociedad Dominicana aprendió durante la Pandemia COVID-19 varias terminología médica en el área de epidemiología, con las cuales hoy comprende los riesgos y medidas a tomar ante una alerta de virus emitida por la OMS.
Ante la propagación de un proceso viral dentro de un territorio, y usando como analogía el verso biblico musicalizado: «ponle aceite a mi lámpara Señor»; las faltas de previsiones frente a fenómenos de crisis, es sorprendido un cuerpo desprevenido cual con bajo nivel de anticuerpos en su Sistema Inmunológico, los efectos serán trágico en las ramificaciones cardiovascular.
Igualmente sucede con el cuerpo legislativo del Congreso Nacional y allende los mares, lo mismo al de cualquier órgano representativo de cualesquiera nación con Sistema político republicano.
Un Congreso que sus representantes como en el caso nuestro hay dos Cámaras Diputados y Senadores, siempre que haya en sus respectivos campo del razonamiento carencia de formación jurídica y sociológica, su ineptitud se reflejará en el esclavo dinamismo económico estancado y con ello el indigente bienestar de la gente a pesar de ser contribuyente, a los Fondos Públicos.
Un cuerpo débil, significa aumento de las comorbilidades.
Un cuerpo sano que permite la entrada de agentes extraños a su sistema, su cabeza pensante es consciente de que sus oportunidades a padecer situaciones de insalubridad aplicará para ocupar principalía en comorbilidad.
El cuerpo congresual dominicano permanece presentando enfermedades endémicas en sus manejos difusos, precisamente por haber normalizado la curul ocupada por elegidos bajo legitimada de inscripción de candidaturas dudosas a sabiendas del mensaje recibido por la Junta Central Electoral competente en regular.
Si al Congreso entran legisladores sin amueblado cerebro académico y peor aún, permitir entrada de supuestos congresistas que de leyes nada saben ni la naturaleza de ejercer como tal, sumado a que son ahijado de un padrino narcotraficantes.
Motivo deontológico, que si en este pedazo de República hubiera regímenes de consecuencias, tendríamos que derogar la mayor parte del conjunto de leyes plasmadas en nuestra Constitución muda, porque lo más probable haya sido diseñada por manos de los intereses sujetos al crimen organizado y entregada a quienes dejan sometidas con ínfulas de un poder suplantado por el virus de un mal tan enfermizo como lo es infiltrar el lavado provenientes de las drogas.
Una Constitución nacida en ese ambiente derrumba la sana convivencia de familias pendientes a higienizar su bienestar, pero raptado por el maridaje corrupto entre capitalistas y enganchados a políticos.
De tales interacciones dada por el bien y el mal mezclados en las cesiones en ambas Cámaras, se infesta la legalidad que motiva al llamado Control Concentrado de Constitucionalidad.
Desde esa mirada las garantías de la jurisprudencia estará de manera permanente contaminada por patógenos que fungirán de obstáculos al disfrute pleno de los derechos humanos constituidos.
Precisamente debido a la perversa venta de candidaturas a lavadores con ocultas actividades camufladas en presuntas empresas que sin tener fuerza laboral manejan millones de pesos manchados del sicariato y estupefacientes.
Con dicho contagio se derrumba los nutrientes que sustenta el marco jurídico del Estado Dominicano, sin volver a levantar cabeza el Sistema inmunológico de nuestra economía cual es lo mismo decir la colectiva calidad de vida.








