Inicio Opinión El Ocaso de la Mística, la política puro negocio

El Ocaso de la Mística, la política puro negocio

21
0
Periodista Leonardo Cabrera
Spread the love

Por Leonardo Cabrera Díaz

​En política solemos confundir al dirigente con el líder.
El primero se forja con desempeño y entrega; el segundo nace con ese «sello natural» que marca la diferencia.
Mientras el dirigente gestiona, el líder inspira una certidumbre que convierte sus palabras en banderas de lucha.
​José Francisco Peña Gómez, por ejemplo, poseía el liderazgo de masas más vibrante.
Su camino al poder fue truncado por conspiraciones y prejuicios, y su ausencia dejó un vacío que el PRD no ha podido llenar.
Esto demuestra que, sin un líder de su estatura, las organizaciones tienden a la fragmentación, perdiendo esencia y presencia.
​Joaquín Balaguer fue el pragmático por excelencia.
Dueño de una oratoria convincente, entendió la política como conveniencia y no como justicia.
El tiempo terminó dándole la razón al «Caudillo»: su liderazgo era personalista y no admitía herederos.
Hoy, sus discípulos han reducido al PRSC a un partido rémora que sobrevive a la sombra del poder de turno.
Al final, el partido parece haberse ido a la tumba con él, dejando solo seguidores sin rumbo en busca de acuerdos de subsistencia.
​En cambio, Juan Bosch apostó a la ética y la disciplina.
Construyó una estructura que sus discípulos llevaron al éxito, hasta que la ambición esa «manzana de Eva» los transformó y los empujó a la división.
Hoy, muchos prefieren ser como Absalón, buscando la corona del rey sin el escrúpulo de recordar que el rey era su padre: aquel David que en su niñez fue pastor de ovejas.
​Recuerdo la anécdota de un líder comunitario que, en medio de una crisis, le dijo a su equipo: «No estamos aquí para gestionar problemas, estamos aquí para inspirar soluciones».
Esa frase se convirtió en el lema de su movimiento y les dio la fuerza para superar cualquier obstáculo.
​Hoy abundan los excelentes dirigentes con recursos y discursos técnicos, pero escasean los líderes que logren esa conexión mística con el alma del pueblo.
La gestión ha sustituido a la mística, y la conveniencia inmediata ha desplazado a los principios.
Hoy ni siquiera se guardan las formas; a simple vista, la política se ha vuelto un negocio.
​Con Dios siempre, a sus pies.