Mojiganguiando el sábado

Por Alejandro Espinal F.
Quizás no exista en República Dominicana una creencia popular tan arraigada como el mal de ojo. Trasciende territorios, niveles educativos y clases sociales: lo creen los de abajo y lo respetan los de arriba, sin distinción alguna.
El mal de ojo es una creencia según la cual existen personas que lo portan —ya sea por envidia, odio o incluso sin mala intención—, pero cuya mirada se considera capaz de causar daños. En la vida cotidiana, la sociedad suele tener a ciertas personas “fichadas”, señaladas por esa supuesta facultad de hechizar con los ojos.
Las principales víctimas, según la tradición, son los recién nacidos y los bebés, pues se cree que su espíritu es débil y, por tanto, fácil de atrapar.
Pero el mal de ojo no se limita a los humanos. También se le atribuye a plantas, animales, negocios y objetos cargados de valor material o sentimental.
Una planta que todos elogian por su belleza y, al otro día, inexplicablemente, se seca.
Una mascota que enferma de repente y muere.
Un negocio floreciente que, tras recibir aplausos y elogios de alguien “portador”, se va a pique.
Lo mismo ocurre —según la creencia— con casas, vehículos, joyas y hasta prendas de vestir.
Hay situaciones curiosas donde el dominicano se cuida con especial celo. Por ejemplo, en un velatorio, cuando alguien observa un ataúd muy elegante y dice:
“Qué bonita la caja…Para su dueño”.
De inmediato se corrige o alguien le responde con un “Dios lo tenga en gloria”, para que el mal no se le revierta.
¿Cómo se combate el mal de ojo?
El azabache:
Es el amuleto más utilizado, sobre todo en niños. Se trata de una pequeña piedra negra, generalmente en forma de manita o collar. La creencia dice que, si la piedra se rompe, es porque el mal no logró penetrar.
El ensalmo:
Aún hoy no pierde vigencia. Suele hacerlo una señora o un señor muy respetado del barrio. Incluye oraciones en secreto y la señal de la Santa Cruz, transmitidas de generación en generación.
Y, por supuesto, nunca puede faltar la frase protectora por excelencia cuando se admira a un niño, una persona o incluso un automóvil:
“Que Dios te bendiga”, para evitar el mal de ojo.
¿Y a usted… no lo han ojiao alguna vez?
Preguntas raras
a) Si donde comen cinco, comen siete…
¿por qué nunca invitan al pueblo entero?
b) ¿Por qué las muelas de gallo son tan caras
si el gallo ni muelas tiene?
Cuentecito:
En la época de Trujillo, las autoridades eran estrictas con el pudor público. A quien sorprendían haciendo una necesidad fisiológica en la vía pública, lo apresaban y lo sometían a la justicia.
Cuentan que un parroquiano fue arrestado por orinarse en un conten, a plena luz del día. El juez lo sentenció a pagar una multa de $5.75.
Al momento de pagar, el hombre colocó $6.00 sobre el escritorio y se dispuso a salir.
El ministerial lo llamó y le dijo:
—Te sobran $0.25 centavos.
El condenado respondió sin detenerse:
—Déjalo así… que yo también me tiré un peo.








