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El Aguají… Mojiganguiando el sábado

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El aguají
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Mojiganguiando el sábado

Alejandro Espinal

Malagueta en la sopa: ¿sí o no?

Por Alejandro Espinal F.

La pasada semana nuestro artículo fue dedicado a tratar el tema de la llamada Sopa Boba, y prometimos abordar para este sábado el caldo conocido como Aguají.

De igual manera, anunciamos que trataríamos la polémica entre sureños y cibaeños sobre el uso de la malagueta en la sopa.

Antes de entrar en materia, es pertinente señalar que hay varios tipos de sopas, como las de pollo, cabeza de pescado, pata de vaca, pecho de res, nervios, arenque y la levanta muertos.

El Aguají

Dentro de la cocina dominicana, el Aguají es un caldo ligero, con más condimentos que víveres.

Normalmente se prepara para personas que han salido de un proceso de cirugía o de una enfermedad que les ha hecho perder peso.

Originalmente, su base principal es el pescado, pero también se prepara con trozos de carne, como pollo o res, acompañado de mucho cilantro ancho, ajo, orégano y malagueta.

En algunos casos lleva un plátano asado y machacado en el pilón.

Tradicionalmente se le atribuyen propiedades para ayudar a recuperar las fuerzas y, claro está, también es muy utilizado para la resaca.

El Sur vs. el Cibao

Esto es lo que se llama un asunto de regionalismo.

Pues, como verán, es posible que no encuentren un nativo del Sur dominicano que no critique la sopa de la región del Cibao por echarle malagueta.

Entienden los sureños que la malagueta es una especia de sabor dulce y que no debe combinarse con caldos salados.

Por su parte, en el Cibao consideran que esta especia no se utiliza en cantidades suficientes como para endulzar una sopa. Su uso es más bien para darle buen olor y aromatizar la carne y el caldo.

Muchos chefs consideran que, siempre que no se utilice una cantidad exagerada, la malagueta aporta un aroma agradable.

Yo, como cibaeño, no dejo de echarle su poquito de malagueta a estos caldos.

Tengo dos azuanos que no los doy por nadie: mi comadre Cruistiana Pérez Noboa y el periodista y hermano Randy Ortiz. ¡Por la mosca!

Cuentecito

Un joven se encuentra con una prostituta que semanas antes le había vendido sus servicios y le dice:

—Oye, loca, me pegaste ladilla.

A lo que ella responde tranquilamente:

—¿Y tú por seiscientos pesos querías langosta? ¡Ay, no, mi hijo!

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