Por Julio Disla

Hoy el barrio, el pueblo y el país pierde a uno de sus mas ilustres hijos y embajador del merengue dominicano. Diomedes Núñez, merenguero de nacimiento, su padre Diosnedy Núñez, conocido en la industria de la música como Papirilo Núñez fue el autor de esa destacada figura del ritmo musical.
Diomedes Núñez a los 11 años ingresó al Conservatorio Nacional de Música, lugar donde culminó con excelencia sus estudios de trompeta y armonía, perfeccionando la voz con maestros particulares y dedicándose más al canto del merengue. Su padre Diosnedy Núñez y su tío Miguel Núñez fueron trompetista con la orquesta de Ramón Orlando y Cuco Valoy por muchos tiempos.
Diomedes a los 16 anos ingreso formalmente como trompetista a la orquesta de Alex Bueno, estuvo en las principales agrupaciones merengueras del país, en cada una de las cuales grabo merengue que fueron éxito inmediato. Tras dos años en esa orquesta, Diomedes Núñez pasa a la de Sergio Vargas (uno de los representantes mas importantes del merengue de esos tiempos), con quien también grabó un tema “Balsie” que se convierte de inmediato en un clásico del merengue,tocado,sonado y bailado, en todas las fechas importantes de fiesta y celebración dominicana.
Diomedes Núñez fue el trompetista que luego se convirtió en cantante y dueño de una banda de música, nació en Mao, Valverde, en la barriada de Sibila, hijo de Zunilda Guzmán y el trompetista Diosnedy Núñez (Papirilo). Desde muy joven ya corría; por sus venas el amor por la música.
Hoy el barrio pierde a uno de sus más ilustres hijos. Núñez merenguero de nacimiento y de corazón, ha partido, dejando un vacío en la música y en la vida de muchos. Su historia no es solo de un musico talentoso, sino la de un hombre cuya vida estuvo marcada por el ritmo, la alegría y el amor a su ciudad natal.
Criado en una familia de músicos, con un padre y tío que hicieron del merengue su vocación, Diomedes creció rodeado de acordes, tambores y güiras. Desde niño, el merengue no solo fue una influencia en su vida, sino también su identidad.
Aprendió a tocar y a sentir la música como pocos, convirtiéndose en una figura respetada dentro del género. En cada fiesta vinculada a la gente de Mao, su presencia era sinónimo de alegría, porque su voz y su ritmo tenían el poder de unir a su gente para Re memorizar asuntos de infancia de quienes crecimos juntos.
Mas allá del escenario, Diomedes era un hombre del pueblo. Nunca se alejó de sus raíces, y siempre tuvo claro que su talento debía servir para algo mas grande. Con su música, llevó felicidad a muchos, pero también extendió su mano a quienes lo necesitaban. Su carisma y generosidad lo convirtieron en un referente no solo para los músicos jóvenes que lo admiraban, sino para todos aquellos que veían en él un ejemplo de humidad y entrega.
Su partida deja un eco de tambora, trompeta y acordeón que nunca se pagará. Su legado vive en cada canción, en cada recuerdo compartido y en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo de cerca. Hoy el merengue llora, pero también celebra la vida de un hombre que nunca dejó de baila al compa de sus sueños. Descansa en paz, Diomedes. Tu música y tu espíritu seguirán sonando en cada rincón de nuestro barrio.








