
Buenos días. Desde este jueves iniciamos un largo asueto que tal vez debiéramos aprovechar, aunque solo sea un poquito de tiempo, para reflexionar acerca de asuntos que ameritan nos cuestionemos a profundidad, como ciudadanos, seres racionales y como sociedad. Es que vivimos de caso en caso, de espectáculo en espectáculo, mientras pasa el tiempo sin avances ni respuestas satisfactorias. Y volvemos al círculo de las promesas y amagos, pero generalmente solo son poses para salir del paso. ¡Se trata de una materia abundante en el caso dominicano! A lo mejor lo que ocurriera hace meses con las 10 toneladas aquellas de cocaína, represente un buen punto para ponerlo en oración y reflexión en Semana Santa. Y del caso uno recuerda la diferencia de 301 gramos entre lo informado por la DNCD y la Procuraduría General de la República. Mientras la primera dijo que la droga incautada en el Puerto Caucedo fueron 9.5 toneladas, la segunda informó que fueron 9.8, pero nada pasó en torno a esa importante diferencia de número. ¡Tampoco acerca del caso en sí! En definitiva, puede asumirse que esa es una menudencia si se compara con el resto de esa basura, que, a propósito, lo dominicanos finalmente no se enteraron de lo que pasó con tanta droga. ¿Dónde quedó el caso de las casi 10 toneladas de cocaína? ¿Por qué el caso salió de escenario? ¿Quiénes son los dueños de la droga? ¿De dónde de vino y a quién estaba dirigida? ¿A qué obedece el hecho de que no fueran identificadas las personas responsables de mover semejante cargamento? Amargamente nos quedamos sin respuestas… Y de ahí que aunque sea un desvarío, sea bueno que lo reflexiionemos en Semana Santa…








